Las primeras cotas de la París-Niza 2026 resultaron insuficientemente duras para evitar una llegada masiva en la denominada ‘Carrera del Sol’, controlada bajo la sombra por el conjunto de Jonas Vingegaard, un Visma que quiso esperar hasta el suspiro final para capturar al quinteto escapado.
Hasta el domingo, desde las afueras de la capital francesa, el pelotón buscará la ruta hacia el Mediterráneo sin que la consigna del esprint se repita a excepción de este lunes. Así que el estadounidense Luke Lamperti (EF) aprovechó la ocasión que le brindó, beneficio colateral, el Visma, que en cuanto capturó la fuga -a apenas dos kilómetros de la meta- y vio que su líder, Vingegaard, estaba a salvo se desentendió de pelear por la etapa, entre otras cosas porque su principal reclamo para este tipo de llegadas, Wout van Aert, debuta este lunes en la Tirreno-Adriático, en la siempre absurda coincidencia de las dos carreras; incomprensible que ninguna de las dos haya movido ficha para adelantar o retrasar una semana de competición.
Y siempre las miradas estarán puestas, principalmente, en lo que haga o deje de hacer Vingegaard después de que el sábado Tadej Pogacar estrenó la temporada 2026 a lo grande con una soberbia victoria en la Strade Bianche.
Juan Ayuso es el principal atractivo de la carrera en cuanto a figuras españolas. En la primera etapa hizo lo que debía: que no lo identificase ni el helicóptero de la televisión francesa porque estrenos que suelen conducir a una llegada masiva deben afrontarse en la clandestinidad, pasar desapercibidos y evitar hasta una avería en la bici como le sucedió a Carlos Rodríguez a 23 kilómetros de la meta. El ciclista granadino es otro activo del ciclismo español en la París-Niza, en un año 2026 en el que tratará de evitar el mal fario que lo acompañó el curso pasado. Una caída en la tercera semana del Tour lo privó de acabar la ronda francesa entre los diez primeros y de disputar luego la Vuelta.
Escapada sin posibilidad de éxito
Por lo demás sucedió lo inevitable, la típica etapa en la que todo el mundo sabía, hasta el apuntador, que la escapada no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir cuando el pelotón principal se pusiera las pilas. Así que pasaron kilómetros y kilómetros con unos escapados, siempre por debajo de los dos minutos de diferencia, y el grupo principal sólo pendiente de la calculadora y de mantener un ritmo que sin ser alocado sirviera para que todo se decidiera al esprint con el premio extra obtenido por Lamperti: aparte de la victoria existía la recompensa de vestir el jersey amarillo, el mismo que llevará siempre puesto el líder del Tour, que por algo la París-Niza comparte organizador (ASO) y patrocinadores.
Suscríbete para seguir leyendo















