Si hay un producto que la guerra de Irán ha puesto en el disparadero, ese es la alfalfa. Y Aragón, como el principal productor del país, está comenzando a notar las consecuencias del ataque de EEUU e Israel, que ha provocado el cierre del estrecho de Ormuz, un paso clave que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Esta ruta es clave para los intereses comerciales del sector en la comunidad, ya que les permite acceder a sus principales clientes, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Jordania. Un bloqueo, el de Ormuz, que ya ha provocado que algunas navieras queden retenidas en esas aguas, buscando puertos alternativos cercanos para tratar de dar salida a la mercancía.
Conviene resaltar aquí que Aragón exporta más de 300.000 toneladas anuales de este forraje a Oriente Medio, un peso que supone entre el 50% y el 60% del valor total del negocio exterior de la alfalfa deshidratada producida desde el territorio aragonés. En 2023, el valor de las exportaciones superó los 42 millones de euros, llegando a 26 países y concentrando más del 60% de los rendimientos nacionales.
Así, y pese a que «aún es un poco pronto» para conocer el alcance real de las afecciones, que dependerá en buena medida de lo que se prolongue en el tiempo el conflicto y el bloqueo del comercio marítimo en la zona, desde la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA), con sede en Zaragoza, ya lanzan algunas advertencias.
Su director, el aragonés Luis Machín, reconoce que «en los últimos años tan solo se ha vivido una situación semejante en la pospandemia», cuando el regreso del tráfico marítimo y de los contenedores se encareció sobremanera y afectó muchísimo a un producto que «no tiene un gran valor añadido». «Las fluctuaciones de los fletes nos condicionan muchísimo, porque no vendemos televisores. El coste por tonelada es muy alto y la preocupación en estos momentos es máxima», analiza.
Jornada organizada por AEFA en Huesca, el pasado miércoles. / EUROPA PRESS
En ese sentido, Machín recuerda otros episodios más recientes en los que la alfalfa también se ha visto afectada por distintas situaciones en ese mismo entorno. Por ejemplo, cuando un buque quedó encallado en el Canal de Suez a finales de marzo de 2023, dejando inutilizable ese paso artificial por Egipto durante cerca de una semana. El recrudecimiento del genocidio israelí en Gaza también provocó tensiones en la zona, aunque en ese caso los costes no se incrementaron ya que existían rutas alternativas para llegar a Oriente Medio bordeando el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica.
Su único deseo ahora, dice el director de AEFA, es que la situación se solvente «cuanto antes». Así lo pusieron de manifiesto más de medio millar de personas en la cuarta Jornada Española del Cultivo de la Alfalfa, celebrada el pasado miércoles en el Palacio de Congresos de Huesca. «Las administraciones ya saben cuál es la situación y, entre todos, intentaremos que nos afecte lo menos posible«, sentencia Machín.
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