Donald Trump dijo a principios de esta semana que el plan inicial para la guerra en Irán contemplaba una contienda de «unas cuatro o cinco semanas», pero que en cualquier caso su Ejército «tiene capacidad para continuar mucho más». Es posible que la necesite porque los objetivos que se ha fijado la Casa Blanca —desde el cambio de régimen a la destrucción del arsenal de misiles iraní o todas sus fuerzas navales— son tan ambiciosos que no auguran una guerra corta. Una perspectiva que preocupa al Pentágono y a algunos expertos militares estadounidenses. Varias voces advierten que EEUU está quemando a una velocidad de vértigo municiones de precisión para la defensa antiaérea, armas que son caras, lentas de producir y no abundan en sus inventario.
Días antes de que comenzara la agresión militar lanzada conjuntamente con Israel, el jefe del Estado Mayor de EEUU, Dan Kaine, advirtió al presidente que la ofensiva implicaba riesgos significativos para el personal estadounidense, según publicó ‘The Washington Post’. Tanto por los bajos ‘stocks’ de ciertos tipos de munición crítica como por la falta de apoyo de sus aliados de la OTAN, que en gran medida se han mantenido al margen de la campaña militar. La mayor preocupación se concentra en los interceptores de misiles, principalmente los sistemas THAAD (Defensa Terminal de Área a Gran Altitud), pero también los Patriot o los SM-3 (Misil Estándar 3), utilizados para neutralizar en vuelo misiles balísticos de corto y medio alcance.
Las limitadas existencias se explican por la elevada demanda que todos ellos han tenido en los últimos años. Ya fuera en Ucrania y en Israel, como en la defensa frente a los ataques de los hutíes desde Yemen o en las operaciones militares en los siete países que Trump ha bombardeado desde que asumió el cargo. Fabricar esos interceptores en masa es complicado debido a su sofisticación y costes. De los THAAD, por ejemplo, solo se habrían producido 650 desde que entraron en circulación en 2010 y, de ellos, 150 fueron utilizados para proteger a Israel en la guerra de 12 días que el pasado mes de junio libró junto a EEUU contra Irán, según ‘The Financial Times’.
Obligado a priorizar
Hasta este miércoles, el Ejército estadounidense había golpeado más de 2.000 objetivos en Irán, según afirmó entonces Brad Cooper, almirante del Comando Central. Pero al mismo tiempo ha tenido que proteger sus posiciones navales, su veintena de bases militares en la región y a sus aliados, principalmente Israel. Y de acuerdo con varias fuentes del ‘Post’ está utilizando tantos interceptores antiaéreos que «en solo unos días» podría verse obligado a priorizar qué activos protege.
Entre sus aliados del Golfo algunos están que trinan. Irán ha atacado con misiles y drones Qatar, Arabia Saudí, Emiratos y Baréin. Algunos de ellos se sienten abandonados, como dijo un alto cargo saudí esta semana en una entrevista con Al Jazeera. Los métodos de Teherán no ayudan. Sus militares utilizan drones relativamente baratos para obligar a sus enemigos a utilizar los interceptores y después los bombardean con misiles balísticos, que cuentan con una carga explosiva mucho mayor.
Desequilibrio en la producción
La Administración Trump ha reconocido los dolores de cabeza que el entuerto presenta, aunque también es cierto que EEUU cuenta con otros tipos de munición menos sofisticada capaces de interceptar misiles y drones. El secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró el lunes que Irán puede producir armas ofensivas a un ritmo superior al que Washington y sus aliados necesitan para fabricar los interceptores destinados a detenerlas. «Según algunas estimaciones, ellos producen algo más de 100 de estos misiles al mes. Compárese esa cifra con los seis o siete interceptores que nosotros podemos producir al mes», dijo Rubio antes de añadir que esa cifra no incluye los miles de drones que Teherán fabrica.
Esta escasez de interceptores es también una mala noticia para Ucrania, perennemente necesitada de defensas antiaéreas para hacer frente a las frecuentes oleadas de ataques aéreos rusos.
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