–Un estudio de EsadeEcPol publicado este miércoles asegura que la bajada de ratios no tiene efectos significativos ni en el aprendizaje ni en la reducción de las disrupciones en clase. Los maestros, sin embargo, llevan reclamando la medida desde 2012. ¿Por qué piensan que es tan beneficiosa?
–Bajar el número de alumnos por aula nos permite a las maestras conocer mejor a los niños y niñas, detectar dificultades, personalizar el aprendizaje y crear vínculos más sólidos. Esto genera un mejor clima de aula y ofrece la oportunidad de atender mejor la diversidad y el bienestar emocional de los menores, aspectos que a menudo no se reflejan inmediatamente en los estudios cuantitativos. Hace años que lo reclamamos porque en el aula vemos que con menos alumnos podemos atender mejor la diversidad real que tenemos hoy en los centros.
–El informe asegura que es una medida muy costosa y que, en una época de descenso de la natalidad y ‘competencia’ por las arcas públicas con la sanidad y las pensiones, la medida no es una política eficaz. ¿Cómo responden a ese argumento?
–Es verdad que reducir las ratios implica una inversión, pero hablar solo de coste y de gasto me parece tener una mirada muy corta. Una atención más personalizada reduce el fracaso escolar y no creo que sea una cuestión menor. Estamos en un momento de descenso de natalidad y quizá sea precisamente el momento de aprovechar para reforzar la calidad del sistema educativo.
«Bajar ratios permite conocer mejor a los niños, detectar dificultades y personalizar el aprendizaje»
–El autor de la investigación, José Montalbán Castilla, profesor asistente de Economía en el Swedish Institute for Social Research (SOFI) en la Universidad de Estocolmo, sugiere que reducir el tamaño de las clases solo estaría justificado en escuelas complejas, aquellas en las que la alta disrupción es el denominador común o aquellas que escolarizan mayoritariamente a chicos y chicas con necesidades específicas. ¿Está de acuerdo en este extremo?
–Reducir las ratios es especialmente necesario en los centros de alta complejidad, eso es evidente. Porque cuando hay mucha diversidad o situaciones sociales difíciles, tener menos alumnos por aula te permite atender mejor a cada niño y niña y reducir los conflictos, ya que puedes intervenir de manera más eficaz. Pero no debería ser una medida exclusiva para estos centros. En cualquier escuela, menos alumnos significa más tiempo para escuchar y detectar dificultades a tiempo. La calidad educativa mejora para todos, no solo en contextos complejos.
«Bajar ratios no es una cuestión de comodidad del profesorado, sino de calidad educativa»
–El estudio asegura que la bajada de ratios es una medida muy popular que solo tiene dos grandes beneficiarios: los profesores y las familias, colectivos con «poder electoral». ¿Qué opinión le sugiere?
–Los principales beneficiarios de la bajada de ratios son los escolares. Con grupos más reducidos hay, por ejemplo, más oportunidades de participación y de trabajar la lengua oral, que tanta falta hace ante la disminución del uso del catalán. Con 25-27 alumnos por aula, ¿cómo puedes hacer una conversación diaria en la que todos puedan expresarse y tú puedas corregirlos? Por otra parte, no me parece poca cosa que sea una medida que beneficia a las maestras, porque sin ningún tipo de duda, si un docente trabaja en mejores condiciones, eso también es un beneficio para el alumnado y favorecerá su aprendizaje. No es una cuestión de comodidad del profesorado, sino de calidad educativa.
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