Entre un 7% y un 10% de las obesidad infantiles tienen una «base genética o metabólica muy fuerte». Fármacos como el Ozempic —que tienen la semaglutida como principio activo— se han demostrado eficaces y, de hecho, se utilizan en niños a partir de los 12 años. El Ministerio de Sanidad solo lo financia cuando está prescrito para la diabetes tipo dos, pero no para la pérdida de peso u obesidad. El Wegovy, indicado para esto último, tampoco está financiado por el sistema nacional de salud. En niños de seis años con obesidad, está indicado el Saxenda, que lleva liraglutida y, como los anteriores, tampoco está financiado. Estos medicamentos se usan en pediatría desde enero de 2025.
La Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil de Vall d’Hebron echó a andar hace dos años y hace el seguimiento de más de 380 menores de edad
«Las familias deben costearse el medicamento. La obesidad pediátrica con problemas graves debería tener estos medicamentos financiados», defiende en El Periódico el doctor Eduard Mogas, Jefe de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil del Hospital Vall d’Hebron (Barcelona). Esta unidad trata no solo la obesidad, sino las patologías asociadas, como los problemas de sueño o la hipertensión. Este miércoles 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad.
Balance de dos años
La Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil de Vall d’Hebron echó a andar hace dos años y actualmente hace el seguimiento de más de 380 niños y adolescentes. En el último año, ha realizado unas 200 primeras visitas y ha pasado de atender seis a nueve casos semanales. A esta consulta llegan los casos más graves derivados de la atención primaria u otros servicios hospitalarios. «Aquí hay niños de menos de 16 años que pesan más de 160 kilos. Son los casos más extremos», matiza Mogas.
La cifras no se reparten de manera homogénea, sino que van por barrios, según Vall d’Hebron. Así, entre las familias con menos recursos, la prevalencia llega al 15%, mientras que en las más favorecidas se queda en un 5%. En zonas vulnerables, el riesgo puede llegar a ser hasta ocho veces superior. Ante esta realidad, el hospital reivindica que, más allá de tratar los casos más graves, actúa como «agente de salud pública» en su territorio e incide en los hábitos y la educación que condicionan la salud desde la infancia.
Endocrinos, psicólogos y nutricionistas
En esta unidad el abordaje de la obesidad infantil es «multidisciplinar«, como explica el doctor Mogas. Y por eso las visitas son «simultáneas» con una psicóloga y una nutricionista pediátrica». «La obesidad, en las últimas décadas, ha ido en aumento. De 2010 a 2020, llegamos a cifras muy altas pero logramos estabilizarlo. Luego volvió a aumentar con el covid. Cada vez la obesidad es más intensa: empieza a más temprana edad y los niños son más obesos», advierte este endocrino.
El abordaje de la obesidad infantil es «multidisciplinar» y por eso las visitas son «simultáneas» con un endocrino, una psicóloga y una nutricionista pediátrica
Según Mogas, la sociedad actual es «obesogénica», es decir, el estilo de vida «predispone» a ella. «También es cierto que [la obesidad] está correlacionada con el nivel de ingresos se la familia, el tiempo que los niños pasan solos en casa. Pero también tenemos una tasa infantil de obesidad genética que no es menospreciable: aproximadamente un 7% o 10% tienen una base genética», indica.
Fármacos… y ejercicio
Los fármacos antiobesidad también están indicados en pediatría. «Pero es muy importante explicar que, por sí solos, no hacen nada. Se deben administrar cuando toca y siempre después de hacer una intervención intensiva en los estilos de vida«, dice este endocrino. Es decir, más dieta y ejercicio físico. «E incluso intervención psicológica«, precisa. Uno de los aspectos que se trabajan es el sentimiento de culpa o vergüenza con el que llegan muchos niños a la consulta.
Aunque estos fármacos se usan en pediatría desde hace solo un año, las conclusiones «a corto tiempo» han demostrado que, con un apoyo médico adecuado, suponen un «turbo»: «Aumentan la intensidad de los resultados», dice Mogas. «Pero en pacientes que solo toman el fármaco y no hacen un cambio en sus estilos de vida la respuesta es negativa», advierte.
¿Cómo son las visitas?
En la primera visita médica de esta unidad, los especialistas identifican si hay sedentarismo o baja resistencia aeróbica. «Los niños no deberían sufrir limitaciones físicas derivadas de su composición corporal, ya sea por exceso de grasa o falta de fuerza muscular. Si lo detectamos, los derivamos al equipo de Medicina Física y Rehabilitación», apunta Mogas.
El 35% de los pacientes presenta una adherencia muy baja a la dieta mediterránea al llegar a la unidad. Tras la intervención nutricional y los talleres grupales con familias, ningún paciente se mantiene en esa franja
La médica rehabilitadora evalúa la condición física y, si detecta debilidad o sedentarismo, se activa un programa presencial o en formato de telerrehabilitación. «El programa presencial lo hacemos en grupos con sesiones semanales durante tres meses, en las que trabajamos la fuerza y ejercicios cardiovasculares», describe la fisioterapeuta Berta Canut. «El objetivo no es solo perder grasa, sino ganar fuerza, mejorar la composición corporal y crear el hábito de moverse«, añade.
Resultados positivos
Según Vall d’Hebron, la intervención multidisciplinar da buenos resultados. El 35% de los pacientes presenta una adherencia muy baja a la dieta mediterránea al llegar a la unidad. Tras la intervención nutricional y los talleres grupales con familias, ningún paciente se mantiene en esa franja. «Somos capaces de mejorar de manera significativa la calidad nutricional y también la percepción de calidad de vida, un avance clínicamente relevante», dice Mogas.
Los resultados antropométricos son más discretos: la pérdida de peso rara vez supera el 10%. Aun así, en muchos pacientes se consigue frenar su progresión, un éxito en una enfermedad con el metabolismo alterado y una gran tendencia a cronificarse.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los niños y adolescentes realizar 60 minutos de actividad física diaria, pero solo cuatro de cada diez cumplen esta pauta. «Nuestro reto es ayudarles a sustituir las pantallas por movimiento y ofrecer un espacio seguro donde puedan recuperar la confianza corporal, especialmente en entornos en los que las actividades extraescolares suponen una barrera económica», señala la doctora Imma Donat, especialista en farmacología clínica.
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