El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un experto a la hora de provocar el pánico entre los inversores. Sabe también suscitar euforia en el mercado, es cierto, pero sus anuncios tienden a preocupar más que a alegrar, por lo impredecible. En un entorno geopolítico tan volátil como el presente, dos estrategias de Washington son protagonistas en provocar la inestabilidad del mercado: la amenaza de guerra entre EEUU e Irán, y la incertidumbre derivada de la anulación de los aranceles del Día de la Liberación.
Con su mayor despliegue militar en Oriente Próximo en más de dos décadas, la sombra de un posible ataque de Estados Unidos se cierne sobre Irán. Pese a que el presidente ha reiterado que prefiere una solución basada en la diplomacia, las maniobras militares en torno al Estrecho de Ormuz —uno de los pasos de hidrocarburos más importantes del mundo— sugieren otra realidad más cruenta.
En un contexto geopolítico tan volátil, que anticipa un vuelco clave en el orden mundial, en clave de mercados existe un claro ganador: los metales preciosos. El oro y la plata, activos refugio por antonomasia, están volviendo ya a la senda alcista ante el temor de los inversores porque los enfrentamientos entre Irán y EEUU sacudan los mercados de capitales.
Una tormenta perfecta
Lo cierto es que ambos activos sufrieron un duro golpe hace solo un mes. A raíz del nombramiento de Kevin Warsh -de un perfil de hombre duro para combatir la inflación y la debilidad monetaria- como próximo presidente de la Fed, los inversores entraron en pánico. «Tras meses de euforia, ambos metales alcanzaron niveles de sobrecompra extremos», señala Antonio Castelo, analista bursátil de iBroker. Castelo defiende que los repuntes de los metales en 2025 fueron resultado de una «tormenta perfecta» compuesta de tres factores: la debilidad estructural del dólar, las compras masivas de los bancos centrales emergentes y una inflación que se resistía a bajar.
El resultado del pánico fue claro: una de las correcciones más violentas en décadas para los metales, con caídas del 9% para el oro y del 26% para la plata. Sin embargo, disipado el pánico de los inversores, los tambores de guerra y la inestabilidad comercial han vuelto a provocar alzas en los mercados internacionales.
Esta semana, el precio de la onza de oro Troy superaba ya los 5.200 dólares. La anterior, antes del recrudecimiento de la tensión bélica y la sentencia del Supremo, el metal precioso marcaba un precio por onza de 4.882 dólares. Menos de una semana después, su cotización ha ganado más de un 6,5%, evidenciando el retorno de los inversores al cobijo de estos activos ante la amenaza de un enfrentamiento.
Los analistas coinciden en que la caída del oro fue coyuntural. El secretario general de Inversiones en DNCA, Pierre Pincemaille, considera en uno de sus análisis que el desplome de los metales a raíz del nombramiento de Warsh fue una circunstancia pasajera, y que el oro sigue manteniendo la misma relevancia.
«Los puntos de fricción están aumentando rápidamente para la Administración Trump», apuntan desde Edmond de Rothschild Asset Management. «En Oriente Medio, la tensión con Irán se intensificó de forma significativa, junto con la menor producción de petróleo provocada por la ola de frío excepcional en Estados Unidos».
Pese a las llamadas a la prudencia, la realidad se presenta clara para los analistas. «Si las conversaciones diplomáticas entre EEUU e Irán fracasan, podríamos ver un ataque a los máximos históricos de forma inminente», concluye Castelo.
El alza de la plata es aún más sorprendente. Antes del desplome sufrido por el metal a finales de enero, que hizo caer su valor de 120 dólares a 77 en cosa de tres días, el metal había vivido un ascenso fulgurante. A principios del mes de octubre, una onza de plata valía en torno a los 48 dólares. A partir de aquel momento, comenzó una subida sin precedentes para el metal, que en su punto álgido, registrado el pasado 23 de enero, llegó a valer 114,97 dólares. Es decir, en menos de cuatro meses, la plata subió de precio en un 140%.
Un componente industrial
Sin embargo, la tensión geopolítica ha devuelto a la plata a la senda de las ganancias. El 17 de febrero, el activo marcaba un precio 77,030 dólares. Este jueves, menos de diez días después, la plata cotizaba en 86,80 dólares, registrando un alza del 12,19%, más del doble que el oro.
Para Salvador Jiménez, socio de Análisis Económico y de Mercados de Afi, las alzas de la plata tienen mucho que ver con las del oro, pero el elemento industrial, «especialmente en el sector de renovables y el tecnológico», sigue teniendo mucho peso. «La plata se está adentrando en un cambio de régimen, en el que parte de la demanda llega de actores menos sensibles al momentum financiero y más guiados por necesidad de suministro», apostilla.
Sin embargo, no solo se trata de una posible ofensiva contra Irán. Trump conoce muchas formas diferentes de hacer temblar el orden geoeconómico mundial, y una de ellas se materializa a través de sus aranceles. El 2 de abril de 2025, Trump anunció la lista de los mal llamados «aranceles recíprocos» que estaba a punto de imponer a sus socios comerciales, que según su forma de ver el mundo habían estado expoliando a EEUU durante años. Sin embargo, la pasada semana Trump encajó un duro golpe de la justicia estadounidense.
El Tribunal Supremo anuló las tarifas impuestas por Washington, al considerar que la ley en la que se había justificado el presidente para imponerlas, la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Nacional (IEEPA), no otorgaba en realidad potestad para hacerlo. Inmediatamente después de conocer el fallo, Trump recurrió a la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 para imponer un arancel temporal de 150 días, del 10%, para paliar la catástrofe en su política.
La confusión es el término que define ahora al orden económico mundial. Los exportadores no tienen claro en qué ha quedado su trato con EEUU, si deben pagar una cantidad u otra de arancel, por cuanto tiempo, o si les devolverán lo abonado por los aranceles ilegales. Ante la tremenda inestabilidad, los metales preciosos vuelven a salir a la palestra como activos refugio por antonomasia.
Jiménez equipara el efecto de la confusión arancelaria a la perspectiva de guerra en Irán para explicar el alza del oro y la plata. «Ya no existe tanta confianza en otros activos como antaño, como puede ser la deuda americana o el propio dólar», explica, o lo que es lo mismo: Estados Unidos ya no sirve como referencia de estabilidad y control financiero ante la duda.
De hecho, los expertos consideran que el oro seguirá revalorizándose este año. JP. Morgan Chase, el mayor banco del mundo por capitalización bursátil, indicó la pasada semana que la demanda de los bancos centrales provocará que el precio del oro alcance los 6.300 dólares a finales de año.
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