Los agricultores canarios tienen un ojo puesto en la costa africana. Las langostas del desierto (‘Schistocerca gregaria»han puesto en alerta a la zona costera del Sáhara Occidental y del sur de Marruecos y amenazan con devastar los cultivos de la región. Un problema que -debido a la proximidad- toca de cerca a Canarias donde, tras los últimos episodios de calima, ya se han avistado centenares de ejemplares en Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife. Desde la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias y también desde las asociaciones agrarias canarias aseguran que, por el momento, se trata de casos aislados y «normales» cuando se dan episodios de «tiempo de levante». Los productores quieren alejarse de discursos alarmistas y aseguran que Canarias está preparada para hacer frente a este tipo de plagas.
Pero como más vale prevenir que curar, el Ejecutivo canario ya ha contactado con el Ministerio de Agricultura, administración competente en este ámbito, para trasladarle la «preocupación» que existe en la región por los posibles efectos que puedan darse en las Islas y solicitarle información reciente al respecto. Además, desde la consejería han preguntado al Estado si tiene prevista alguna medida y comunicación con las autoridades marroquíes para conocer el estado de la plaga.
Por el momento se han detectado solo casos aislados a excepción de Lanzarote. En Famara, en el municipio de Teguise, concretamente en el camino que conduce a San Juan, las autoridades y vecinos detectaron un enjambre cerca de la costa. «Lo más probable es que sea un enjambre adulto desplazado por el viento que vienen a finalizar el ciclo, llegan agotados y mueren, al no pasar de la costa no suponen un problema», explican desde el Cabildo de Lanzarote. Las autoridades analizarán durante las próximas 48 horas el comportamiento de los insectos en esta zona para confirmar que se trata de especies adultas y que no se dan casos de reproducción.
Lluvias excepcionales
La invasión en Marruecos se debe principalmente a lluvias excepcionales que han favorecido su rápida reproducción y migración desde Mauritania. Y llegan a Canarias impulsadas por los vientos del este o sureste, acompañando al polvo en suspensión del Sáhara. No es un fenómeno nuevo para las Islas. De ahí la tranquilidad de los representantes de las asociaciones agrarias canarias que, acostumbradas al fenómeno, no lo temen. «Es una cuestión que damos por superada, la langosta ya no es un problema para las Islas, existen recursos técnicos y humanos para luchar contra este tipo de plagas», explica el representante de Coag Canarias, Miguel López.
En la misma línea se pronuncia el secretario general de Asociación de Agricultores y Ganaderos de Canarias (Asaga), Theo Hernando. Asegura que, hasta ahora, la organización no ha percibido «ni inquietud ni miedo» entre los productores. «Es habitual que en episodios de vientos procedentes de África, como los que traen la calima, aparezcan ejemplares de langosta. Vienen arrastrados por el viento y mientras sean casos aislados no hay ningún problema«, explica. Hernando insiste en que los insectos que están llegando a las Islas lo hacen en condiciones muy distintas a las que caracterizan a una plaga. Se trata, señala, de ejemplares sueltos que han recorrido cientos de kilómetros sin alimentarse ni hidratarse adecuadamente. «Llegan muy debilitados, no están en condiciones de asentarse ni de reproducirse. La propia naturaleza sigue su curso y muchas veces acaban siendo presa de aves», apunta.
Clara diferencia
El dirigente agrario marca una clara diferencia entre la situación actual y los grandes episodios históricos que sí tuvieron consecuencias graves para el Archipiélago. Recuerda que en los siglos XVII, XVIII y XIX se registraron invasiones de enjambres masivos que arrasaron cultivos y provocaron hambrunas, con fechas especialmente señaladas como 1680, 1702, 1811 y 1846, además de algunos repuntes a mediados del siglo XX. En aquellos casos, las nubes de langostas llegaban en grandes cantidades y en mejores condiciones físicas, lo que facilitaba su reproducción y expansión. «Estamos hablando de contextos completamente diferentes. Hoy existen métodos fitosanitarios y sistemas de control de plagas que no tienen nada que ver con los del siglo XIX», subraya. A su juicio, incluso en el hipotético caso de que arribara un número elevado de insectos, las administraciones disponen de herramientas técnicas y protocolos de actuación para atajar el problema con rapidez y evitar daños generalizados.
Además, el impacto potencial sobre el campo canario sería limitado por la propia estructura productiva actual. Las langostas del desierto se alimentan principalmente de cereales, como trigo o millo, cultivos que hoy tienen un peso mucho menor en las Islas que en épocas pasadas. «No estamos en temporada fuerte de cereales y, aunque se alimentaran de otras plantas, se podría actuar de forma prácticamente inmediata», sostiene.
Hernando recalca que la llegada esporádica de algún ejemplar no es un fenómeno extraño. «En casi todos los episodios intensos de calima aparece alguna langosta en Gran Canaria, Fuerteventura o Lanzarote. Si el viento es más fuerte, pueden llegar incluso a Tenerife. Pero hablamos de casos puntuales», insiste.
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