Manual de cortejo para jóvenes de cuello vuelto

Fue el poeta francés Paul Éluard quien nos advirtió: «Hay otros mundos, pero están en este; hay otras vidas, pero están en ti». La paráfrasis se escribe sola: hay otras músicas, pero están en ‘Táctil’ (autoproducido), el nuevo y reciente disco de Marco Mezquida grabado por el pianista con los muy competentes Martín Meléndez, cello, y Aleix Tobias, batería y percusión. Marco quiere hacer música que se palpe, que es un asunto de piel, vibración y contacto. Y sí, en ‘Táctil’ está todo eso. Pero ojo, no se confundan: no hablamos de música háptica; es decir, de sonidos que se sienten utilizando el sentido del tacto a través de artilugios que transmiten vibraciones. Aquí solo hay talento e instrumentos que sí, según como se manejan, pueden variar su timbre o transmitir determinadas sensaciones con la técnicas musical (el uso del trémolo en la pieza que titula el álbum es un buen ejemplo), pero en definitiva se trata de algo tan sencillo como que el cuerpo sienta la emoción de una música brillante, embriagadora y global, interpretada con sentimiento. ‘Táctil’ se abre con tres piezas que no dan respiro, y pasa luego a una evocadora intimidad. Después vuelve el arrebato con la mencionada ‘Táctil’; ‘Cavalcanti’, que respira el pulso de Bill Evans; ‘Malambe’, más sabor de jazz con aromas de africanos, ‘Tempus fugit’, no un réquiem, sino una esperanza dedicada a Palestina, y ‘Brújula’, un mosaico colorista con dibujos de banda sonora. ‘Táctil’ se escucha y se toca; ¡y cómo! Mezquida, en carne viva.

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