Las claves
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Vladímir Putin sigue imprimiendo su huella en la historia de Rusia, resaltando los episodios que encajan en su discurso contra Occidente y borrando todas aquellas zonas oscuras, sobre todo las que tienen que ver con la opresión y los asesinatos de la época soviética.
Las autoridades rusas anunciaron este viernes que sustituirán el Museo de Historia del Gulag, dedicado a los millones de personas enviadas a los campos de trabajo de la URSS entre 1930 y 1950 y cerrado desde finales de 2024, por otro que relatará los crímenes de guerra cometidos por las tropas nazis durante la II Guerra Mundial (1941-1944).
«En Moscú se abrirá el Museo de la Memoria. Se dedicará a la memoria de las víctimas del genocidio del pueblo soviético», señala el comunicado oficial, publicado en la página web del museo. La escueta nota añade que la exposición «abarcará todas las etapas de los crímenes de guerra cometidos por los nazis durante los años de la Gran Guerra Patria».
El Ayuntamiento de Moscú, según recoge la agencia Efe, precisó que el museo abrirá este mismo año y que estará encabezado por Natalia Kaláshnikova, que hasta ahora dirigía el Museo de la Fortaleza de Smolensk y ostenta una medalla por su contribución a la «defensa» de la Federación Rusa» y participar en una «operación militar especial».
El Kremlin, cuyo Ejército está acusado de cometer durante los últimos cuatro años numerosos crímenes contra la humanidad en su guerra contra Ucrania, promueve desde hace meses la idea de que la Wehrmacht, los Einsatzgruppen y otras unidades de las tropas de Adolf Hitler cometieron un genocidio contra el pueblo soviético, que contabilizó unos 26 millones de muertos.
Borrar la memoria
El Museo de la Historia del Gulag cerró sus puertas en noviembre de 2024 por orden de las autoridades locales. La decisión se justificó en una supuesta infracción de las medidas antiincendios que amenazaban la seguridad de los visitantes, lo que motivó críticas incluso de personalidades vinculadas con el Kremlin.
El museo, fundado en 2001 y que recibió en 2021 un premio del Consejo de Europa por mantener viva la memoria de las represiones estalinistas, era una de las últimas instituciones independientes vinculadas con la sociedad civil que aún operaban en este país.
La directora del Museo Pushkin, Elizaveta Lijachova, tachó en su momento de «tontería» el cierre -dos meses después se anunció el despido de su director, Roman Románov- y expresó su confianza de que los dirigentes rusos lo reabrieran y dejaran «a la gente en paz».

Prisioneros durante la construcción de un gulag.
El Kremlin lanzó en vísperas del comienzo de la invasión de Ucrania una campaña contra la sociedad civil que llevó al cierre, entre otros, de la organización Memorial, galardonada con el Nobel de la Paz en 2022.
Al clausurar dicha organización, el Kremlin, según sus críticos, intentaba borrar la memoria de las represiones estalinistas, tendencia en la que se enmarcaría ahora lo ocurrido con el Museo de Historia del Gulag.
El gulag, la red de campos de trabajo de la URSS, devoró a todos los estamentos de la sociedad soviética, desde delincuentes de poca monta hasta conocidos intelectuales, desde científicos hasta comunistas empedernidos, alcanzando cifras escalofriantes: unos 20 millones de soviéticos fueron encerrados o murieron en estas instalaciones.
«Nuestro museo es un ejercicio de memoria histórica. El gulag es parte de la historia del pueblo ruso. Un 25% de los soviéticos fueron víctimas directa o indirectamente de ese sistema», comentó en su momento a Efe su subdirector, Yegor Larichev, quien admitió que la pinacoteca estaba «incompleta» ya que las autoridades se niegan a desclasificar los archivos del temido KGB.
Desde hace años, el presidente ruso, Vladímir Putin, intenta rehabilitar la figura del dirigente soviético Iósif Stalin, exaltando su figura con nuevos monumentos y discursos en los que celebra su liderazgo en la II Guerra Mundial, al tiempo que critica al fundador de la Unión Soviética, Vladímir Lenin, por cometer errores que -a su juicio- condujeron finalmente a la disolución del Estado totalitario.













