Pulso Andaluz | Capítulo 5: ¿Quién piensa en Andalucía?

A raíz del evento de la semana, ese que reunió a Rufián y a Delgado, un independentista catalán y un independentista madrileño a hablar y reflexionar en voz alta sobre las izquierdas, me he acordado de una frase que apareció en un cartel en la década de los 70:

«Si el andaluz acomodado piensa en Madrid y el andaluz pobre piensa en Barcelona, ¿quién piensa en Andalucía?».

Y me quedo con esa pregunta. Ante la inmenencia de unos comicioes electorales en los próximos meses, que solo Moreno sabe cuándo van a ser porque es el que sabe cuándo le convienen, ¿quién está pensando en Andalucía?

Las lógicas de la política estatal o madrileña han provocado que en comunidades como Andalucía, por desgracia, en muchos aspetos subyugada a dichas lógicas, la ciudadanía esté más preocupada de lo que pasa en un bar de Madrid que de lo que pasa a 50 kilómetros de su pueblo o barrio.

Por una parte, es mérito de la estrategia comunicativa del Gobierno de Moreno; por otra, demérito del resto. Con los Carnavales de Cádiz se ha popularizado una frase: ‘Ojalá Andalucía votara como canta en el Falla’.

Algo que podemos relacionar, también, con el evento de Rufián y Delgado. Mientras las derechas se posicionan, según las últimas encuestas demoscópicas, en torno a los 70 diputados en el Parlamento andaluz, aquellos que cantan y piensan como se hace en el Falla dónde se meten, en qué andan.

Las causas del descontento político son amplias y complejas, pero quizá no estemos siendo capaces de leer el momento correctamente.

En Andalucía, que fue avanzadilla de Vox en el Parlamento y de Sumar posteriormente, en forma de Por Andalucía, nos encontraremos con un panorama electoral donde la división de las fuerzas de la izquierda volverá a imperar.

Tras cuatro años de posible reconstrucción, la realidad es que a pocos meses vistas de las elecciones, las dinámicas estatales han imperado por encima de las comunitarias, provocando esta división y pillando de nuevo en fuera de juego a un territorio que, históricamente, ha votado progreso y servicios públicos.

La reflexión no solo debe ser del votante, al que fácil y rápidamente se criminaliza culpando de voar lo que supuestamente no le conviene.

Quizá la respuesta no sea tan teórica, no esté en quién habla sino en qué se dice, cómo se dice y a quién se dice.

La ultraderecha avanza, sí. Pero, ¿está la izquierda fallando a la hora de apelar a sus votantes?

Fuente