El manual de gestión de crisis de Óscar Puente se ha sofisticado tras el accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba), con 46 víctimas mortales. Con el sombrero de técnico desde el primer momento en el que se produjo el trágico accidente ocurrido hace ahora un mes, el ministro de Transportes ha aparcado su característico perfil de confrontación política. Si tras la dana en la Comunitat Valenciana asumió que el tono bronco penaliza en los contextos de emergencia frente a la gestión, aquel ensayo le ha permitido adoptar en esta ocasión lo que ha denominado su “modo crisis” sin transición y de forma más directa.
Su afán por informar sobre el suceso casi en tiempo real se tradujo en una omnipresencia en medios, sumando hasta 17 entrevistas, cuatro ruedas de prensa (algunas de ellas sin límite de preguntas) y tres comparecencias en el Congreso y el Senado, a dónde volverá esta semana para responder a interpelaciones. En la oposición ven en esta estrategia un intento de actuar como cortafuegos y erigirse en dique para evitar que las posibles responsabilidades se extiendan sobre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
No en vano, su estrategia inicial de un discurso pedagógico y explicativo fue virando más a la defensiva, hacia el desmentido de “bulos” y apartando las “especulaciones” sobre las causas. El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, llegó a acusarlo de intentar llenar el relato de datos y sobreinformación para generar confusión. “Empezaré la semana como la terminé, dando explicaciones que, por desgracia, pasan también por desmentir bulos”, señalaba al encarar la segunda semana tras el accidente. “Voy a entrar al trapo lo menos posible», se autocontenía unos días antes dando cuenta de su premeditado cambio de papeles.
En el plano de la gestión, en su equipo destacan la rapidez del decreto para anticipar las ayudas a las víctimas, así como el acuerdo en la mesa de negociación con los sindicatos ferroviarios para que desconvocasen la huelga. Una forma de atajar no tanto un conflicto laboral, sino una creciente sensación de inseguridad y fallo sistémico por parte de la población. Algo a lo que también ha ayudado la reapertura de la línea Madrid-Andalucía la víspera de que se cumpla un mes del accidente, aunque queda aún lejos la ‘vieja normalidad’ por la reducción de velocidad en numerosos puntos de la alta velocidad.
No por ello, ha evitado la reprobación tanto del Senado como del Congreso. En la Cámara Alta a iniciativa del PP y con la abstención de ERC, Junts y Podemos para señalar sus responsabilidades políticas tanto en el siniestro de Adamuz como de Gelida. Si la marca personal de Puente pasa por no rehuir de los conflictos, incluso con un imán para las polémicas, ahora ha tratado de potenciar el perfil más institucional y modular el choque con la oposición.
Un cambio de registro notable para uno de los miembros del Gobierno que más buscan el cuerpo a cuerpo con la oposición y suele utilizar un tono de confrontación en las redes sociales. La estrategia aprobada por Moncloa, donde se defiende su capacidad de gestión, se traduce también en el total respaldo de Pedro Sánchez a su actuación. Sin exigir pasos a un lado como reiteradamente ha demandado la oposición. Con Puente asumiendo el protagonismo lo hace también ante hipotéticas responsabilidades y aísla de forma preventiva al presidente del Gobierno.
“Datos, no relatos”
Para reforzar el papel de técnico, Puente se ha rodeado en algunas de sus comparecencias con perfiles operativos tanto de Adif como de Renfe. Una puesta en escena que junto a los datos ha desplazado al menos por unas semanas el foco del ministro opinador al de quien se pone al frente para que el sistema responda. En esta línea, se ha querido insistir en la “unidad en la respuesta” y “lealtad institucional” entre administraciones, especialmente con la Junta de Andalucía presidida por el popular Juanma Moreno. Quizá más necesidad que por convicción y sin renunciar a su instinto defensivo.
“Esta semana ha sido muy dura, tanto que jamás la olvidaré. A los que nos toca gestionar algo así, también nos ayuda sentir apoyo y aliento”, trasladaba el siguiente fin de semana al accidente. El giro no es solo estético, pues ante una crisis en la que la seguridad se pone en el punto de mira se ha tratado de anteponer la precisión y la “máxima transparencia” al simple relato.
El Gobierno se centra así en combatir la sensación de inseguridad, llamando a recobrar la confianza en el sistema y defendiendo “con datos, no relatos” que desde la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa se ha multiplicado la inversión. Frente a ello, el Congreso no deja de reflejar el desgaste del Gobierno por la gestión de esta crisis, con los socios evitando en ocasiones un apoyo explícito y la oposición poniendo el foco en el “caos ferroviario” generado bajo este Gobierno y la sensación de un fallo sistémico.
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