La lluvia no ensucia la casa, pero sí dispara la humedad. Y cuando supera el 60%, el ambiente se convierte en terreno perfecto para el moho y los ácaros, algo que empeora las alergias. Para que esto no ocurra, lo ideal es mantenerla entre el 40% y el 55%.
Según nos cuenta, el moho no aparece por falta de limpieza: sus esporas siempre flotan en el aire. Crece en zonas frías y mal ventiladas, como esquinas, marcos de ventana o detrás de muebles, donde la condensación hace el resto.
Tender la ropa dentro también empeora la situación. El agua se evapora y se queda en el aire, aumentando la humedad en espacios cerrados. Boticaria García advierte de que ventilar a diario, incluso si llueve, y evitar acumular vapor es clave para prevenirlo.
Además de manchas en la pared, el moho puede afectar a la salud: congestión, tos, pitidos o broncoespasmos en personas asmáticas. Aunque la lluvia suave reduce el polen y alivia alergias, las tormentas intensas pueden alterar su comportamiento y empeorar los síntomas. ¡Dale al play para enterarte de todos los consejos de Boticaria García!












