Las políticas agrarias tradicionales para el sector lácteo deben revisarse a fondo, se necesitan soluciones adaptadas a la situación actual. Entre otras, caben destacar las siguientes:
–En sanidad animal, es imprescindible recuperar la confianza del sector, especialmente en las campañas de saneamiento. Resulta difícil de entender que las campañas de saneamiento en sus inicios, cuando la prevalencia era alta, eran bien entendidas porque había consenso. Hoy, con niveles mínimos de prevalencia, no resulta razonable que exista tanto rechazo. Las campañas deben adaptarse a la realidad sanitaria y a los avances técnicos. Si es necesario cambiar los programas nacionales, habrá que considerarlo una prioridad política, con apoyo del sector y de los veterinarios.
–La gestión de los Montes de Utilidad Pública apenas ha cambiado desde la preautonomía. En municipios como Tineo, clave en la producción lechera, estas superficies son esenciales. Los ganaderos necesitan disponer de ellas durante largos periodos, solo así pueden cumplir los requisitos de la PAC y maximizar la producción de forrajes. Lo cual exige una planificación a largo plazo.
–También es necesaria una política decidida para aumentar la superficie de las explotaciones en régimen de propiedad, siempre que los titulares de estas explotaciones se comprometan a permanecer por un largo periodo de tiempo en el sector. La concentración parcelaria debe orientarse a ese objetivo. Es difícil de explicar que se concentren zonas y que la propiedad de la superficie de los ganaderos sea muy minoritaria en comparación con la superficie total concentrada. No basta con reducir el número de parcelas. Si el ganadero no aumenta su superficie propia, la mejora es incompleta.
–Las ayudas a la mejora tecnológica deben priorizar el cumplimiento de los requisitos ambientales, en especial, la gestión de los purines y otros subproductos.












