La velocidad actual de los avances tecnológicos y científicos hace necesaria la adaptación de los planes formativos y de estudio a la nueva realidad de los profesionales en el ámbito sanitario. En ese escenario, la Universidad Internacional de Valencia se posiciona como una entidad innovadora, con un rol activo en la misión de transformar el respeto de los profesionales hacia la tecnología y convertirla en su mejor aliada. Tal y como explica su rectora, Eva María Giner —doctora en Farmacia y con una amplia y destacada trayectoria en el mundo universitario—, cuentan para ello con comités de expertos para el diseño de nuevos programas que respondan a las necesidades actuales, en cuanto a la adquisición de competencias técnicas en Big Data, IA o en una gestión sanitaria más eficaz. Pero, tal y como queda patente en esta charla, en VIU también ponen el foco en la formación del espíritu crítico y los valores éticos de los profesionales sanitarios, y en ‘soft skills’ clave, como la comunicación, la psicología y la empatía, que redunden en la humanización asistencial y de cuidados al paciente.
Si hay dos ámbitos que la revolución digital ha removido hasta los cimientos, esos son la educación y la sanidad. ¿Cómo están afrontando desde las universidades la transformación digital?
La transformación digital es, sin duda alguna, uno de los retos fundamentales de todas las universidades para los próximos años, especialmente en tres ámbitos concretos. El primero, la formación de los estudiantes y profesionales en las capacidades necesarias para su uso, con desafíos que van desde el desarrollo de nuevos y pioneros programas de formación superior universitaria hasta la integración de formación específica en los que ya están en curso. El segundo, la transversalidad que esta transformación digital supone para las propias universidades, en cuestiones como las nuevas metodologías de aprendizaje y evaluación, el uso y formación del propio profesorado, o la potente herramienta que suponen tecnologías como la IA para el avance de la docencia, la investigación y la gestión universitaria, entre otros. El tercero y más relevante: no podemos olvidar, precisamente por nuestra naturaleza de universidad, la necesidad de generar una conciencia crítica y de buen uso en relación a todas estas nuevas tecnologías, que, si no producen un impacto positivo en la sociedad, pierden su sentido.
No podemos olvidar la necesidad de generar una conciencia crítica y de buen uso en relación a todas estas nuevas tecnologías, que si no producen un impacto positivo en la sociedad, pierden su sentido.
Da la sensación de que estamos viviendo un momento clave para la Medicina y todas las Ciencias de la Salud. ¿Cuál cree usted que será el impacto de los avances científicos y tecnológicos en la mejora de la salud de la población?
Indudablemente, tecnologías como la IA van a significar un antes y un después en los avances de la investigación biomédica, en la obtención de tratamientos, por el impulso e incremento de la velocidad en el procesamiento de los datos en ensayos clínicos o, incluso, en la personalización de tratamientos, la disposición de nuevos fármacos o su implementación en nuevos dispositivos de precisión, que permitan tratamientos menos invasivos y eficaces, que ayuden a mejorar la salud de la población e impacten en la esperanza de vida de las personas. También en la prevención, como nuevas vacunas o sistemas de detección temprana de enfermedades que, no podemos olvidar, es la mejor forma de mantener la salud de la población. Pero también en la gestión hospitalaria, ayudando a mejorar la administración de servicios sanitarios clave, como las urgencias, el cuidado de los pacientes o incluso los flujos de personas y personal sanitario dentro de los hospitales, para mejorar la atención y asistencia sanitaria.
Eva María Giner, rectora de la Universidad Internacional de Valencia / Beatriz Muñoz
¿Cuáles son, en su opinión, los principales retos formativos, asistenciales y éticos que plantea la transformación digital en el sector sanitario?
El sector sanitario es un pilar fundamental para nuestras sociedades, y ese impacto fundamental que tiene en la sociedad le obliga a ser especialmente sensible a la hora de introducir y utilizar estas nuevas tecnologías. Un buen uso de las mismas, manteniendo su eticidad, es fundamental tanto en su aplicación como en el diseño de protocolos que deriven de su uso. Hablo de aspectos como el manejo y protección de los datos de los pacientes, el mantenimiento de su derecho a elegir si quieren estar o no informados, o de ser informados con sensibilidad y humanidad. También, de introducir sistemas que ayuden a los profesionales sanitarios y les den las herramientas para ser capaces de integrar toda esta tecnología con sentido en su día a día, de modo que no lo vean como una amenaza, sino como algo muy positivo en una profesión en la que el trato humano y directo ha de mantenerse.
¿Y en cuanto a la formación?
Los retos en la formación se extienden a diversos ámbitos. El primero, en línea con lo anterior, es formarlos en los valores y cultura de la innovación. De este modo, conseguiremos que los profesionales sanitarios estén abiertos a la adopción de las nuevas tecnologías, que sí suponen una ventaja diferencial e impactan positivamente en la salud de los pacientes y en el trabajo de los profesionales. El segundo, en la técnica: en el propio lenguaje tecnológico, procesamiento de datos, en el uso de algoritmos y de las nuevas herramientas a su disposición, como las de detección por imagen, por ejemplo. Es urgente asumir que, actualmente, el impacto real de la ciencia para la salud pública y comunitaria depende de profesionales capaces de interpretar el Big Data sanitario, con lo que la formación en este sentido es clave para los próximos años. Pero hay que formarlos de un modo que los profesionales sanitarios sean capaces de entender y discernir con criterio y rigurosidad entre aquellas innovaciones y tecnologías útiles, rigurosas y testadas, de las que no lo son, por muy de moda que estén. Por último, en un entorno cada vez más tecnológico, el reto asistencial es mantener la humanización en el trato al paciente y sus familias, pero también en el trato a los profesionales sanitarios. La formación en ‘soft skills’ como comunicación, empatía y psicología es fundamental.
La competencia clave para preparar al profesional, ya no es solo diagnosticar lo visible, sino utilizar la IA para anticipar riesgos individuales o poblacionales invisibles al ojo clínico tradicional
La sostenibilidad del sistema y el propio bienestar de la población hace necesario pasar de la medicina curativa a la predictiva. ¿Qué papel juegan en esa misión la IA y el análisis de datos?
Sí, efectivamente este es uno de los efectos muy positivos que tendrán la IA y el análisis de datos masivos en la sociedad. El papel de la medicina predictiva ha adquirido mucha relevancia en los últimos años y crecerá en los próximos. No hay que olvidar que, como indicaba en octubre la Organización Mundial de la Salud, en el 2050 los mayores de 60 años se duplicarán y pasarán a suponer un 22% de la población mundial. Y, según el INE, en 2055 los mayores de 65 años en España supondrán el 30,5% de la población total. Viendo estos datos, es obvia la importancia que cobra la medicina predictiva en la prevención y mantenimiento de la salud de la población. El reto es lograr que la medicina predictiva se aplique en estrategias preventivas y de detección temprana para conseguir mantener a las personas en buenas condiciones de salud e independencia hasta edades avanzadas. Es decir, la competencia clave para preparar al profesional, ya no es solo diagnosticar lo visible, sino utilizar la IA para anticipar riesgos individuales o poblacionales invisibles al ojo clínico tradicional (la clásica “intuición diagnóstica”, algo que confronta con la inmensa variabilidad clínica, pero que análisis de datos masivos permite desarrollar modelos predictivos). Estas estrategias también alcanzan a la salud pública y comunitaria, para desarrollar nuevas intervenciones poblacionales que permitan conservar y mejorar la salud, desde la epidemiología, la promoción o la protección.
La sociedad reclama una atención más humana y personalizada, pero al mismo tiempo es imprescindible tener una visión global y predictiva a nivel poblacional. ¿Es posible integrar conceptos desde la formación?
Por supuesto que sí y, en esto, las universidades tenemos un papel muy relevante. La tecnología no sustituye el cuidado, lo potencia y tiene que mejorarlo y hacerlo crecer. No se trata de formar a los profesionales sanitarios sólo en las capacidades técnicas que necesitan para hacer realidad nuevos avances científicos, sino que debemos formarlos en los principios y valores que defienden un buen uso de las tecnologías, en el espíritu crítico que les lleve a no sobrepasar los límites de la ética y en el entendimiento que les lleve a comprender que estas tecnologías, que se integran en su día a día, deben tener un impacto directo y positivo en el bienestar de los pacientes, en el sistema asistencial y en el conjunto de la sociedad. Por eso, en la Universidad Internacional de Valencia formamos a los profesionales en el concepto de tecnología con propósito: el propósito de realizar un buen uso, crítico y ético de ellas, y que generen un impacto social positivo. Por ejemplo, formar en el uso de IA para automatizar tareas administrativas debe servir para liberar tiempo útil para lo insustituible: la relación terapéutica y el cuidado humano centrado en la persona.
En esa necesidad de repensar la formación de los profesionales sanitarios del futuro, ¿qué contenidos y materias, más allá de los eminentemente sanitarios, serán imprescindibles?
Es fundamental formar a los profesionales sanitarios en valores éticos, capacidad crítica y un enfoque humanista. La razón es que sólo así tendremos en el ámbito sanitario a profesionales que puedan poner la tecnología al servicio de la sociedad, de modo que generen soluciones positivas para otros profesionales sanitarios y para los pacientes. Actualmente, asistimos a una necesidad de rehumanizar sectores a los que el uso de la tecnología había deshumanizado. Esto no puede ocurrir en el sector sanitario, porque es uno de los pilares fundamentales de nuestro Estado de Bienestar. Especialmente en los próximos años, será fundamental la formación en los principios que rigen la bioética, que cuestiona la eticidad de los avances científicos y que aporta la capacidad de entender que no todo lo que se puede realizar, gracias a la tecnología, es ético llevarlo a cabo. Porque innovar en atención sanitaria, a través de tecnologías, exige una ética impecable. Pero también, la formación en soft skills, competencias y experiencias, que mejoren la humanización de la atención sanitaria y sociosanitaria.
Pero también, indudablemente, en cuestiones más técnicas y especializadas, útiles para los especialistas sanitarios como la interoperabilidad y estandarización de datos, porque el ecosistema del dato sanitario necesita datos que «hablen» entre sí, disponer de más datos y poder entrenar algoritmos robustos y evitar vacíos de conocimiento y en especial, la desconexión entre regiones.
También en el uso de algoritmos de Machine Learning para, por ejemplo, ser capaces de realizar experimentos como la estratificación de riesgo en pacientes crónicos y pluripatológicos (ej. predicción de reingresos o de estancias hospitalarias).
También en la integración de datos de IoMT (Internet of Medical Things), formarles en monitorizar pacientes a distancia mediante wearables y sensores, simuladores, interpretando alertas tempranas. Y por supuesto, en salud pública de precisión, como la formación en el uso de IA para vigilancia epidemiológica en tiempo real, superando los modelos estadísticos clásicos (lentos, poco ágiles).
Pretendemos formar profesionales preocupados por una equidad real, por la humanización y, en general, por una salud pública y comunitaria con menos desigualdad
Entre las asignaturas pendientes más acuciantes del sector sanitario están las desigualdades y las inequidades. ¿Es algo que preocupe al ámbito universitario? ¿Qué puede hacerse para salvar las diferentes brechas?
Efectivamente, una preocupación y, al mismo tiempo, una prioridad son las desigualdades y las inequidades en salud. Tienen un claro origen social y son estructurales en la sociedad, por lo que precisan de acciones globales y políticas adecuadas y efectivas, entre ellas estrategias educativas. Hay unos grandes ejes de desigualdad, que acaban impactando sobre las personas y los grupos humanos, que generan las diferencias en salud y, en consecuencia, la probabilidad de enfermar no es equitativa y la enfermedad no aparece al azar: algunos colectivos tienen más probabilidad de enfermar y de una esperanza de vida menor. Estas desigualdades, totalmente injustas, son algo que la sociedad no puede permitirse. Las universidades pueden ser actores clave para la reducción de estas diferencias, ya que precisamente la educación es una de las acciones que más valor tiene en la disminución de la brecha social en salud. En este sentido, pretendemos formar profesionales preocupados por una equidad real, por la humanización y, en general, por una salud pública y comunitaria con menos desigualdad. Además, desde el ámbito universitario debemos contribuir e incentivar sistemas de gobernanza para asegurar que la vida y el acceso a la salud, en un marco de innovación y digitalización, sean equitativas y no dejen a nadie atrás por brechas en relación a la alfabetización digital o diferencias tecnológicas. La brecha digital alcanza también a la salud y la enfermedad, pues los sistemas sanitarios están informatizados, digitalizados, se usan aplicaciones… La investigación universitaria es un arma muy poderosa en este sentido para generar conocimiento y ofrecer soluciones en la visibilización y la reducción de la desigualdad en salud, a través, por ejemplo, del diseño intervenciones comunitarias más efectivas y evidentes.
Los procedimientos quirúrgicos asistidos por robots o RV son ya una realidad. ¿Va la capacitación de los profesionales a la par con los avances?
Es innegable que la formación en salud se está transformando y que es imparable la formación práctica, con tecnologías impensables hace unas pocas décadas. La realidad virtual se está incorporando con fuerza para la simulación clínica y quirúrgica, ya incluso desde el pregrado. La cirugía robótica y la realidad virtual (y también aumentada) no son escenarios futuristas, sino una realidad, un escenario clínico consolidado ya presente, que debe seguir implantándose con más fuerza porque el ritmo de las innovaciones robóticas y digitales es tan alto, que la curva de aprendizaje puede resentirse un poco, recibiendo formación en técnicas, procedimientos y tecnologías que pueden quedar obsoletas rápidamente. Es fundamental la formación desde todos los ámbitos por los que un profesional va a transitar; por eso, en nuestro caso, la universidad ha asumido el reto de implementar cuantas tecnologías de simulación permitan una capacitación excelente. También apostamos por nuevos programas de formación permanente para los profesionales. Pero, a la vez, impulsamos y colaboramos con la formación complementaria, mucho más especializada, a través de cursos, seminarios o jornadas, que imparten los propios productores de la tecnología o los institutos tecnológicos para la especialización profesional, que permiten estar al día en estos procedimientos.
Simulación por IA para crear pacientes virtuales y casos clínicos infinitos, entrenamiento en cualidades como la empatía y la comunicación… ¿Cuáles son las utilidades de la IA en la formación de los sanitarios del futuro?
La tecnología ha llegado a la formación superior en salud y las aulas para potenciar modelos académicos más avanzados y personalizados. La IA actúa como “co-piloto” pedagógico, no debe reemplazar al docente en ciencias de la salud, sólo le da más capacidades que debemos aprovechar. En este sentido, la innovación docente universitaria que estamos generando y las simulaciones avanzadas son clave en la formación de los sanitarios del futuro.
Desde VIU defendemos la simulación clínica generativa, es decir el pasar del maniquí estático al ‘paciente virtual generativo’. Pero también escenarios donde el estudiante entrene no solo el diagnóstico, sino la comunicación y la empatía en un entorno seguro y sin riesgo para pacientes reales.
Desde la Universidad Internacional de Valencia defendemos la simulación clínica generativa, es decir el pasar del maniquí estático al ‘paciente virtual generativo’. Utilizar IA Generativa para crear escenarios clínicos infinitos y adaptativos, como los procedimientos quirúrgicos asistidos. Pero también con escenarios donde el estudiante entrene no solo el diagnóstico, sino la comunicación y la empatía en un entorno seguro y sin riesgo para pacientes reales. Además, la generación de casos clínicos sintéticos (artificiales basados en datos clínicos reales), es decir, generar cohortes masivas de ‘pacientes virtuales’ estadísticamente idénticos a los reales, que permitirá entrenar competencias complejas sin comprometer la confidencialidad de ningún ciudadano. También, la simulación con realidad virtual o extendida (VR/AR) que permiten el entrenamiento de habilidades quirúrgicas, médicas, de cuidados incluso soft skills, con evaluación mediante IA.
Las herramientas de aprendizaje basadas en IA también permiten identificar carencias competenciales a nivel individual, y diseñar las herramientas de aprendizaje adaptativo que permiten personalizar la formación y el ritmo, detectando lagunas de conocimiento individuales y adaptando proceso de aprendizaje a cada estudiante.
A pesar de las ventajas que las diferentes innovaciones traen consigo, tanto desde el punto de vista del profesional como del paciente, todavía hay reticencias ante las innovaciones. ¿Cuál es el papel de las universidades para el cambio de mentalidad que permita pasar de la teoría a la práctica en cuanto a transformación digital?
Aquí el papel de las universidades vuelve a ser clave, como catalizador de innovación y validación. La innovación a partir de IA en la atención sanitaria no puede ser ‘adoptarla por adoptarla’. Necesitamos profesionales formados en la validación clínica de algoritmos, capaces de distinguir el hype tecnológico de la evidencia científica robusta que garantiza seguridad y eficacia.
Desde las universidades debemos formar líderes gestores del cambio que sepan traducir necesidades asistenciales en soluciones digitales y vencer resistencias organizacionales
El éxito de la innovación en salud no depende tantísimo de los ingenieros, sino de los clínicos que entiendan el lenguaje tecnológico y estén dispuestos a adoptar la tecnología. Para ello, desde las universidades debemos formar líderes gestores del cambio que sepan traducir necesidades asistenciales en soluciones digitales y vencer resistencias organizacionales. También, formarles respecto a la evaluación de tecnologías sanitarias digitales, ya que, antes de su despliegue en el SNS, la tecnología debe haber sido evaluada, asegurando que cumplen estándares éticos y clínicos, y mejorando la práctica existente.
Pero también es fundamental la creación de Comités interdisciplinarios de IA en hospitales y universidades, como espacios de formación práctica en gobernanza tecnológica. Algo similar a cuando nacieron los comités de ética, totalmente implantados. Innovar en atención sanitaria, a través de tecnologías, exige una ética impecable.
Para concluir: ¿Qué papel quiere jugar VIU en la transformación del sistema sanitario desde la formación?
El rol de una Universidad innovadora y digital como VIU debe ser el de convertirse en catalizadora de la formación para transformar el respeto de los profesionales hacia la tecnología y convertirla en su mejor aliada. Nuestro objetivo es egresar futuros profesionales con nuevos perfiles, altamente competentes en tecnologías sanitarias, que sabemos van a normalizarse en el día a día de su práctica profesional, para eficientar y optimizar la atención sanitaria sin perder el imprescindible trato humano. De esta forma, y paradójicamente, buscamos mejorar la humanización transformando la sanidad y logrando que los avances digitales sirvan para mejorar la calidad de la práctica sanitaria.













