Antonio Maíllo, coordinador federal de Izquierda Unida, cordobés de Lucena, presto a estrenar la sesentena, es profesor, filólogo, enjuto, culto y delgado por vocación y enfermedad superada. Nunca se olvida de dar las gracias a la sanidad pública. Será el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía por una confluencia de izquierdas que ni siquiera probablemente agrupe a toda la izquierda.
En política hay quien sabe latín y por eso vive de ella toda la vida. Antonio Maíllo enseña Latín y Griego, pero a la política va y viene como quien deja y retoma un vicio antiguo al que se le tiene tomada la medida. Sabemos que nos puede dañar pero nos hace la vida placentera.
Maíllo se sienta de cuando en cuando en la barra política, pide un chupito, y logra un escaño o una coordinación o una jefatura o candidatura; luego se cae de la banqueta harto del barman de turno o de la clientela, escasa pero ruidosa, y se larga de nuevo a sus cuarteles de invierno que son también de otoño y primavera, y en los cuales alecciona a pupilos con ganas de móvil, magreos y videojuego sobre las andanzas de César en las Galias, la importancia de las declinaciones o los zascandileos de Homero o de la etimología. Ya tuvo una fructífera etapa política en Andalucía.
A los 23 años daba clases de latín en un instituto de Sanlúcar de Barrameda, donde un tiempo después sería también concejal. Comenzaba la década de los noventa. Se ve que Antonio Maíllo le van los retos: no contento con semejante éxito vital temprano, con la vida solucionada y destino en un municipio señero e idílico, se impone ahora la tarea de unir a la izquierda. Otros, en Sanlúcar, con la luz pagada, que diría Lola Flores, habrían dedicado la vida a comer langostinos. No es tarea titánica, esa de echar cemento, para unir, a las izquierdas (además, él es hombre débil físicamente) es tarea imposible. Una utopía. Por eso le gusta a Maíllo, tempranero militante de otra utopía: el comunismo. Claro que, parafraseando el viejo chiste soviético: «Qué es un comunista? Un partido. ¿Y dos comunistas? Un partido y una corriente. ¿Y tres comunistas? Un partido, una corriente, y una escisión». En cualquier caso, nos gusta más ese de que si subes a tres comunistas a un taxi, cuando llegan a su destino han montado cuatro partidos.
Maíllo es didáctico, amable, firme en las convicciones. Le ganó hace un tiempo las primarias para dirigir IU a Sira Rego, ministra. No pocos ven que ese asiento, el que en el Gobierno de coalición le corresponde a IU, debería ocuparlo él. Ha preferido Andalucía. El panorama que se le avecina es complicado: el PP andaluz de Juanma Moreno, el PP suave style frente al ayusismo, podría perder la mayoría absoluta pero sus resortes de poder son amplios. Andalucía ha cambiado. Y Vox socorrería a los populares. El PSOE está a la baja pero el espacio de Maíllo, pequeño, está además fragmentado. Ahora hay dos grupos de izquierdas en el Parlamento andaluz. La relación de IU con Sumar, como se dice en las redes sociales para explicar el estado civil, «es complicada».
Nuestro protagonista no solo tiene experiencia como aspirante, diputado u opositor, o todo a la vez. En el Gobierno de coalición de IU con Susana Díaz ocupó un cargo.
«Quiero ser el primer presidente gay de la Junta de Andalucía», le dijo a Vanitatis en una entrevista de 2015. Nunca ha ocultado su condición sexual, y además solía explicitarla a sus alumnos y a los padres; «sé lo que es el desamor», parte consustancial a la vida, ha declarado alguna vez. Maíllo no siguió los pasos paternos, trabajos artesanales, proletariado puro, humildad, le tiraron más los libros, la enseñanza, la política, claro. Pudo haber sido abogado, pero abandonó la carrera, más fascinado por La Eneida que por el Código Civil.
No ha nacido un líder, ha renacido. Entrará en combate cuando Juanma Moreno convoque comicios, junio de 2026 como muy tarde. Cogerá el petate y recorrerá Andalucía, país inmenso que ha virado sociológicamente. Los granos de aquel granero de izquierdas ahora hay que buscarlos con la lupa del entusiasmo y con el mensaje de que los servicios públicos, como la sanidad, se han deteriorado. Le fue la vida en ello y ahora le va la vida, política, también en ello.














