El próximo 25 de febrero se cumplirá un año del cierre definitivo de la fábrica Marie Claire, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia reciente de Vilafranca. Doce meses después, las consecuencias de aquella clausura no solo siguen presentes, sino que se han hecho más visibles en forma de despoblación, una realidad que preocupa tanto a las instituciones como al conjunto de la ciudadanía.
La desaparición de uno de los principales motores económicos del municipio supuso la pérdida de numerosos puestos de trabajo y aceleró la salida de vecinos y vecinas que, ante la falta de oportunidades, se vieron obligados a buscar futuro fuera del pueblo.
Las mil vidas de Marie Claire, un referente del interior de Castellón
La alcaldesa de Vilafranca ha querido poner voz a este sentimiento colectivo en una declaración cargada de sensibilidad y compromiso: “El 25 de febrero se cumplirá un año del cierre de Marie Claire, una fecha que, como alcaldesa y como vecina de Villafranca, sigo viviendo con un profundo sentimiento de dolor. No fue únicamente el final de una empresa, sino la pérdida de una parte muy importante de nuestra historia y del día a día de muchas familias del municipio”.
«Desde el Ayuntamiento seguimos trabajando y pidiendo la implicación de todas las administraciones para que Vilafranca tenga las oportunidades que necesita, al mismo tiempo que colaboramos con el tejido local para impulsar nuevas iniciativas que permitan diversificar la economía y ayudar a fijar población», añade.
Este contexto genera una preocupación creciente en todos los sectores. El tejido empresarial advierte de las dificultades para mantener la actividad en un entorno con menos población activa, mientras que las instituciones públicas observan con inquietud cómo la reducción de habitantes puede repercutir directamente en la continuidad de servicios esenciales.
Desde el Instituto de Vilafranca, su director, Marc Moles, reconoce que el cierre de la fábrica “es un tema que nos preocupa mucho y sabemos de la importancia que tiene para el alumnado y sus familias”. No obstante, destaca que la formación ha abierto una vía alternativa para muchas personas. “Celebramos que diversas personas que trabajaban en la fábrica hayan optado por formarse y buscar una alternativa laboral con más preparación”, señala. En este sentido, el centro no ha experimentado una bajada en la matriculación pese al cierre de Marie Claire, un dato que aporta cierto alivio en un contexto complejo.
En una línea similar se expresan empresarios y vecinos. Noel Martí, propietario de la carnicería Carns Noel, explica que “algunas familias se marcharon a Castellón tras el cierre y eso, a la larga, nos afecta porque hacen su día a día en la ciudad. Allí realizan la mayoría de sus compras y solo vuelven al pueblo el fin de semana, cuando se nota un repunte en las ventas. Una cosa compensa a la otra, pero el cambio se percibe”.
Noel Martí, propietario de la carnicería Carns Noel. / Javier Ortí
«Algunas familias se marcharon a Castellón tras el cierre y eso, a la larga, nos afecta porque hacen su día a día en la ciudad»
Vicent Marín, responsable del Pub Manyà, apunta que la localidad ha ido perdiendo vida nocturna en los últimos años. “En el pueblo hay muy poca oferta de restauración para salir a cenar y los jóvenes se trasladan a otros municipios. Allí cenan y ya se quedan de fiesta. Incluso antes del cierre de la fábrica ya habíamos ido perdiendo la vida festiva que teníamos hace décadas, y ahora esa tendencia se ha acentuado”, afirma. Actualmente, la actividad nocturna se concentra sobre todo en las celebraciones locales, animadas por orquestas y eventos puntuales.
Pérdida de población
La despoblación no es un fenómeno exclusivo de Vilafranca, sino que afecta al conjunto de la comarca de Els Ports. Según los últimos datos oficiales, la comarca cuenta actualmente con 7.089 habitantes, lo que supone una pérdida de 44 personas en el último año. Vilafranca registra el mayor descenso en términos absolutos, situándose en 2.115 vecinos, 24 menos que el año anterior. En otros municipios, la reducción resulta especialmente significativa: Castellfort ha pasado a 178 habitantes tras perder 12, mientras que la Todolella y la Pobla de Benifassà se sitúan en 136 y 229 habitantes respectivamente, ambas con una disminución de 11 residentes. Estas cifras reflejan un proceso continuado de pérdida demográfica que condiciona el desarrollo económico y social del territorio.

Jorge García, óptico de Vilafranca. / Javier Ortí
«Cada vez hay más familias que residen en grandes ciudades y es allí donde acceden a los servicios»
Respecto a la bajada de población registrada este último año, varios vecinos consideran que responde más a una tendencia de fondo que a un efecto directo del cierre industrial. “Es una despoblación crónica; muchas de las personas que han fallecido eran muy mayores y, por ley de vida, nos han dejado”, apuntan.
Jorge García, óptico del municipio, coincide en que “el bajón no se ha notado especialmente este año porque es un fenómeno que ya venía de atrás”. Según explica, “cada vez hay más familias que residen en grandes ciudades y es allí donde acceden a los servicios. El pueblo se convierte en un lugar de fines de semana y vacaciones, con otro tipo de consumo”. Con todo, subraya que “por el momento subsistimos gracias a los vecinos de Vilafranca y de la comarca”.
En este contexto, el Ayuntamiento busca nuevas oportunidades económicas. El pasado 20 de enero se abrió por segunda vez la licitación para la concesión del camping municipal, con plazo hasta el 3 de febrero de 2026. Para atraer posibles gestores, se organizó una jornada de puertas abiertas. El camping, recientemente reformado, permitiría ampliar la oferta hotelera y gastronómica, aprovechar el turismo de autocaravanas y dinamizar la economía local. La dificultad para encontrar personas jóvenes dispuestas a trabajar en servicios como el camping, la piscina o la restauración refleja también la crisis poblacional que sufre la comarca.
Un año después del cierre de Marie Claire, Vilafranca sigue afrontando el duelo por una pérdida histórica mientras trata de avanzar con prudencia hacia un futuro que permita mantener la cohesión social y la vida en el municipio. Entre la memoria de lo que fue y la necesidad de reinventarse, el pueblo continúa buscando oportunidades que devuelvan estabilidad y esperanza a un territorio que se resiste a desaparecer.
Vilafranca ha demostrado a lo largo de su historia una gran fortaleza y capacidad de superación. “Sin olvidar la enorme pérdida que hemos tenido, mi compromiso y el de este Ayuntamiento es mirar hacia el futuro con realismo y esperanza, cuidando de nuestro pueblo y, sobre todo, de las personas que lo hacen posible”, zanja la alcaldesa.
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