Gran Canaria contaba con zonas muy pobladas de árboles y de espesura tal que dificultaban el paso, según narraba el cronista castellano del siglo XV Alonso de Palencia en su obra ‘Décadas’. Antes y durante la Conquista, la isla presentaba un paisaje dominado por bosques densos y frondosos, laderas arboladas y barrancos tapizados de vegetación, muy lejos de la imagen árida que se asocia a su territorio.
Esa Gran Canaria verde aparece también reflejada en las fuentes posteriores. En el siglo XVIII, José de Viera y Clavijo documentó en su Historia General de las Islas Canarias la existencia de montes hoy desaparecidos y señaló cómo la acción humana fue mermando de forma progresiva aquella riqueza forestal. La tala intensiva o los incendios provocados fueron reduciendo, siglo tras siglo, una masa forestal que había definido el paisaje insular durante generaciones.
La deforestación se aceleró tras la Conquista y se prolongó durante la Edad Moderna y buena parte del siglo XIX, hasta convertir amplias zonas de la isla en espacios degradados y erosionados. No sería hasta bien entrado el siglo XX cuando se iniciaran las primeras políticas sistemáticas de recuperación forestal, con repoblaciones que, de forma lenta pero constante, comenzaron a devolver el verde a las medianías y cumbres de Gran Canaria.
Ese pasado verde que durante siglos solo sobrevivió en crónicas y documentos ha vuelto a manifestarse con claridad en las últimas semanas en una tierra agradecida. La sucesión de lluvias registrada desde diciembre ha devuelto el color a laderas, barrancos y cumbres. Vista desde el aire, la isla ofrece una imagen reverdecida.
Cumbre de Gran Canaria, con el Teide al fondo. / José Carlos Guerra
Postales
Una de las postales más ilustrativas se da en la vertiente sureste de Gran Canaria, que se presenta como un inmenso tapiz de verde que contrasta con su tradicional imagen de tonos ocres y el marrón del malpaís. La imagen muestra cómo las lluvias persistentes de diciembre y enero han logrado teñir de esmeralda incluso las zonas más bajas y próximas a la costa. Las laderas y antiguos bancales agrícolas aparecen completamente colonizados por una hierba densa, dibujando suaves texturas sobre la orografía volcánica.
En la cumbre, los pinares canarios se suceden densos, abrazando los lomos y barrancos. Desde lo alto, con el Roque Nublo como referencia, la silueta del Teide emerge al fondo y es aquí donde la recuperación forestal iniciada en el último siglo se hace más evidente. La impresionante perspectiva aérea también revela el renacimiento hídrico de los embalses, que se extienden como láminas de azul intenso entre laderas custodiadas por frondosos bosques de pino canario.

Interior de la Caldera de la Bandama. / José Carlos Guerra
También es llamativo el interior de la Caldera de Bandama, entre Las Palmas de Gran Canaria, Santa Brígida y Telde, cuyas paredes abruptas, de tonos rojizos y ocres contrastan con un fondo tapizado de vegetación, con matorral y arbolado que colonizan el cráter tras semanas de precipitaciones continuadas.
Diciembre húmedo
Diciembre cerró como un mes lluvioso en la isla, con registros muy por encima de lo habitual, especialmente en medianías y zonas altas, situándose como el diciembre número 21 más húmedo desde 1961. En el Archipiélago se contabilizó una media de 75,3 litros por metro cuadrado, el 133% del valor esperado. Se produjeron precipitaciones durante casi todos los días del mes; tan solo del 6 al 8 no hubo registros en ninguna estación automática de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en las Islas.
Según el balance de la Aemet, Gran Canaria fue una de las más beneficiadas por los episodios asociados a las borrascas de mediados de mes, especialmente Emilia, que afectó a todas las islas, dejando precipitaciones persistentes generalizadas, chubascos tormentosos y granizo, así como nevadas en las cumbres de La Palma, Tenerife y la isla redonda.
El 13 de diciembre se alcanzó el mayor registro diario de todo el Archipiélago, con 150,4 litros por metro cuadrado en Corral de los Juncos, en Vega de San Mateo. A este episodio se sumaron acumulados muy elevados en Cruz de Tejeda (131,8 litros) y en el casco de Tejeda (106,3), confirmando la intensidad de las lluvias en las cumbres.
El balance mensual refuerza esa fotografía aérea de una isla empapada. Valleseco encabezó los registros con 299,2 litros por metro cuadrado acumulados en diciembre, seguido de Tejeda casco (210,1), Agaete (150) y el Centro Forestal Doramas, en Telde (121,6). Incluso en Tafira, en Las Palmas de Gran Canaria, se superaron los 109 litros mensuales. La media en la provincia de Las Palmas fue de 72,8 litros por metro cuadrado.
Lluvias persistentes en enero
Las lluvias no fueron solo intensas, sino sobre todo persistentes. Municipios del norte y del centro de la isla como Valleseco, Telde, Agaete y Las Palmas de Gran Canaria acumularon entre 15 y 18 días de precipitación. En el sur, fiel a su patrón de clima más seco y árido, apenas registró siete jornadas de lluvia seguidas en enclaves como Cuevas del Pinar, en San Bartolomé de Tirajana. Esta distribución desigual explica el contraste que hoy se aprecia desde el aire entre una isla norteña y central intensamente verde y un sur donde el marrón prevalece.
Gran Canaria continuó manteniendo durante enero un registro persistente de lluvias, un comportamiento que también rompe con la climatología habitual del mes, que suele ser seco, especialmente en las zonas costeras y bajas. La intensidad y continuidad de las precipitaciones motivaron que tanto el Gobierno de Canarias como la AEMET activaran alertas y avisos por lluvia y viento durante la primera quincena, anticipando un episodio más húmedo de lo normal en la isla.

Vista de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. / José Carlos Guerra
Climatológicamente, enero presenta acumulados moderados que raramente superan los 25 o 30 litros por metro cuadrado en la franja costera, con varios días marcados únicamente por lluvias débiles. Por lo general, las medianías y zonas altas concentran los registros más elevados, aunque los patrones pueden variar de un año a otro. En esta ocasión, sin embargo, la evolución del trimestre ha seguido un claro aumento en las precipitaciones, rompiendo el patrón habitual de sequedad.
En la estación de referencia del aeropuerto de Gran Canaria, la precipitación acumulada creció de forma continuada y muy por encima de la mediana histórica, hasta alcanzar a finales de mes entre 90 y 95 litros por metro cuadrado, casi el triple de lo normal. En apenas cuatro semanas se registró un volumen de lluvia equivalente al que, climatológicamente, suele acumularse a lo largo de todo el invierno, rompiendo el patrón habitual de sequedad en la franja costera oriental de la isla.
Presas
Las lluvias que han reverdecido la Isla también han aumentado la capacidad de los embalses. Las presas de Gran Canaria cerraron el año pasado con 1.268.224 metros cúbicos de agua embalsada, lo que equivale al 11,98% de su capacidad total. Una cifra aún modesta, pero significativa si se compara con el punto de partida: un mes antes, los ocho embalses públicos del Cabildo apenas alcanzaban el 4,78% de su volumen, con algo más de medio millón de metros cúbicos almacenados.

Presa de El Parralillo, entre Artenara y Tejeda. / José Carlos Guerra
El cambio más visible se produjo en la presa de El Vaquero, en Artenara, que pasó de estar prácticamente vacía en noviembre a superar el 65% de llenado, gracias a los 175.000 metros cúbicos de agua que recibió. Le siguió La Candelaria, en el mismo municipio, que pasó de contar con un 0,65% de volumen hasta casi rozar el 40%, con 158.166 metros cúbicos. Los embalses de El Mulato (Mogán) y Gambuesa (San Bartolomé de Tirajana) también incrementaron su capacidad, en un 9% y un 11,1% respectivamente. También es destacable el incremento en la presa de Chira, uno de los embalses más grandes de la Isla: pasó de 101.164 a 308.337 metros cúbicos, es decir, el agua aumentó su volumen en un 3,68%.
Desde el aire, los embalses se vislumbran como grandes piscinas de agua en el paisaje de una isla que concentra la mayor cantidad de embalses por metro cuadrado. Las imágenes aéreas captadas tras semanas de precipitaciones devuelven una estampa donde el verde gana terreno y las presas recuperan volúmenes. Es una fotografía que trae reminiscencias del pasado y muestra décadas de políticas de recuperación forestal. La Gran Canaria verde vuelve a hacerse visible desde el cielo, recordando hasta qué punto el paisaje insular responde, agradecido, cuando el agua regresa.












