La memoria, la familia y el paso del tiempo son los ejes principales de las novelas de Máximo Huerta. En ‘Mamá está dormida‘ (Planeta), que se publica hoy, el escritor valenciano (Utiel, 1971) ahonda en la nostalgia, el amor y el dolor por lo que nunca se olvida del todo. Narrado en primera persona, desde el punto de vista de Federico, madre e hijo realizan un viaje de soledad y despedida en autocaravana para recordar y buscar respuestas con un sorprendente desenlace. En el libro, el autor reivindica la figura del cuidador, una labor agotadora pero profundamente honesta que revela nuestra fragilidad.
Máximo Huerta presenta la novela «Mamá está dormida» / Javier Ocaña
-Describe el proceso de escribir ‘Mamá no está sola’ como un proceso de «sufrir y disfrutar» a la vez. ¿Qué busca transmitir al lector con una historia tan humana y tan dura?
-Creo que los libros que te dejan marcado, esos de los que sales «tocado», son los mejores libros. Eso es lo que me gusta como lector y busco como escritor. Escribir una obra así es, en cierto modo, hablar solo y buscar respuestas a tu propia vida. Durante el proceso, te vas haciendo preguntas sobre la marcha: cómo gestionaría el personaje tal situación, qué diría o por dónde debe ir para llegar a su destino. Al final, escribir es un ejercicio de soledad donde nadie te lleva la contraria. Escribir es hablar con uno mismo y gestionar preguntas y respuestas para poder llegar al destino.
-Escribir es terapéutico. ¿Es ese su caso?
-He ido al psicólogo y a distintas terapias, pero fíjate que lo más terapéutico para mí es leer, incluso más que escribir. De hecho, me encantaría poder leer este libro como si no fuera el autor; siento que me daría respuestas para mi propia vida y me ‘abrazaría’ por las circunstancias que me toca vivir. Sé que si lo leyera me ayudaría. Y, quizás, mucho.
– ¿Ha llorado al escribir la historia?
-Ha sido un libro muy duro de escribir. Lo pasé realmente mal en el bloque final porque hay un desahogo muy grande, un cierre bestial, producto del dolor y del cuidado. En este libro lo he pasado mal en el previo.
-¿Qué poso espera que le deje esta historia?
-El mensaje principal es que cuidar es una manera de despedirse. La idea surgió de un momento real con mi madre, cuando ella me preguntó por un hermano que no tengo; ahí vi que había una novela y decidí ser valiente y escribirla. Así que la idea me la regaló mi madre sin saberlo. Y le estoy muy agradecido.
-En la novela, Federico y su madre viajan en una autocaravana. ¿Por qué eligió ese espacio tan asfixiante para contar su historia?
-Quería que fuera un lugar incómodo. La autocaravana funciona como un útero asfixiante, porque la rutina de cuidar a un anciano y la vida del olvido y la demencia son precisamente así, asfixiantes. En ese espacio estallan los miedos, las conversaciones íntimas y las pequeñas bromas. Además, en esa soledad, Federico se convierte en un valiente porque no tiene nada más que a su madre; ella es su único sostén para seguir vivo.

Máximo Huerta presenta su último libro: «Mamá está dormida» / Javier Ocaña
-A usted le interesa más ‘el bodegón de pucheros’ que las grandes gestas. ¿Responde a un porqué?
-Estamos acostumbrados a las películas de grandes batallas, pero a mí me interesa la verdadera gran batalla que sucede en muchas casas de España: la taza con restos de café, el olor de una habitación o el empapador sucio. Los cuidadores y los que son cuidados son los verdaderos héroes. Cuidar no tiene épica ni titulares, sucede en habitaciones pequeñas y nos demuestra lo frágiles que somos.
-Existe una línea difusa entre la ficción y su realidad personal. ¿Cuánto hay de usted en estas páginas?
-Es una ficción, pero juego para que se asemeje a la realidad que vivo. La presencia de mi madre en el libro es emocional, no biográfica; su tono está ahí. Escribir con esa honestidad y valentía hace que la historia conecte mucho más con el lector.
-¿Le asusta perder la memoria?
-Me inquieta muchísimo porque es lo que nos hace humanos, es nuestro único patrimonio real. Perderla es una forma de vulnerabilidad extrema, aunque quizá el que la pierde no lo nota y solo lo sufren los de alrededor. Pero acordarse de todo también es malo. Lo único bueno de perder la memoria es que el que la está perdiendo no lo nota.
-Lo que uno calla es lo que no se olvida.
-En la novela, lo que se calla es lo más importante y ese secreto que se guarda es el tesoro del personaje.
-¿A quién le recomendaría esta lectura y a quién le daría pudor mostrársela?
-Me daría pudor que la leyera mi madre, pero ella ya no puede leer. Se la recomendaría a todo el mundo, porque aunque nos creamos invulnerables, todos vamos a cuidar o a necesitar cuidados en algún momento. Mi mayor deseo ahora es que los lectores la abracen, la entiendan y disfruten de esa mezcla de amor y misterio.
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