Nadie extraño o ignorante de la actualidad céltica hubiera deducido que ese chico acaba de incorporarse aquel equipo. Nadie diría tampoco que aquel otro, más maduro, regresa tras semanas complicadas. Fer López, el hijo pródigo, y Ferran Jutglà, atrapado en enredaderas personales, conversan entre ellos. Aunque viajar es una rutina de su oficio, este desplazamiento a Belgrado resulta especial para ambos.
No ha dejado de sonreír Fer desde que se concretó su cesión al Celta. Ni siquiera en este miércoles que lo tiene en vilo, esperando si la UEFA permite inscribirlo con un dorsal del filial para disputar el partido contra el Estrella Roja (que ya luego cambiaría en la siguiente eliminatoria). Se ha integrado con la naturalidad que cabía esperar en alguien criado entre A Madroa y Afouteza y que ya la pasada temporada se había instalado de manera permanente entre los profesionales. Borja Iglesias e Iván Villar lo acompañan en el café en Peinador. Va sobrevolando entre compañeros en el aeropuerto o en el traslado al estadio Rajko Mitic y aunque le falta su querido Williot, con quien compartió vacaciones el pasado verano y que está sancionado por acumulación de amonestaciones, le sobran las alegrías y los corrillos.
“Todos sabemos o potencial que ten”, comenta el consejero Sergio Álvarez, que ejerce de portavoz de la directiva. “Estamos contentos de que esté aquí con nós. O importante é que volva a desfrutar, que sexa feliz e que aporte todo o que ten”.
Eso mismo se aguarda en el seno del club, de Jutglà, aunque sean otras las circunstancias del delantero catalán. Contratado en verano como uno de los esfuerzos más ilusionantes, todavía no ha brillando más que de manera puntual, como en la victoria sobre Osasuna en Pamplona.













