Mari Carmen y Samuel, los dos servidores públicos de Córdoba que perdieron la vida en el accidente de Adamuz

Mónica Gallego tiene todavía muy vivas en su cabeza las imágenes que vivió el pasado domingo en Adamuz (Córdoba). Ella viajaba en el segundo vagón del tren de Iryo Málaga-Madrid que, sobre las 19.40 horas, descarriló y chocó con otro tren de Renfe. Esta joven malagueña, que salió afortunadamente ilesa del accidente ferroviario, esquivó un destino que podía haber sido fatídico por pequeños detalles como decidirse a llevar, por consejo de su madre, un par de maletas grandes en su viaje a Madrid, algo que cuando realizó a última hora la reserva del billete la situó en la parte delantera del convoy, en clase preferente, y no en los vagones finales, que fueron los que descarrilaron.

Mónica, de 26 años, ha aprobado recientemente unas oposiciones y el domingo viajaba a Madrid para incorporarse a un curso formativo que empezaba el lunes. La joven relata a este periódico sus vivencias a partir del momento en que se produjo al siniestro.

«Yo iba estudiando en mi asiento, hacía unos minutos que habíamos pasado por Córdoba, y de pronto el tren dio un gran frenazo. Me choqué contra la mesa, que la tenía bajada, y contra el asiento de delante, pero fue lo único que me pasó; yo salí ilesa completamente«, comenta la joven, que no duda en destacar cómo el empeño de su madre en que llevara un equipaje más voluminoso para que se llevase a Madrid todo lo que necesitaba ha sido decisivo en este desenlace.

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