Nada. En eso ha quedado la revetlla de Sant Sebastià de este 2026 de Palma. La cancelación de la programación oficial -conciertos, espectáculos, etc.- por parte del Ayuntamiento como muestra de luto por el terrible accidente ferroviario de Adamuz y la incesante lluvia que ha caído a lo largo de toda la tarde-noche han terminado por apagar las fiestas del patrón de Ciutat. Escenarios oscuros, vacíos y empapados han presidido las plazas en las que la música tenía que sonar. Las torradores desprendían un olor característico a leña mojada contrario a lo que debería percibir el olfato por estas fechas.
Se podría decir que pocos palmesanos lo han intentado esta noche. En el centro de la ciudad, casi ninguno. Ha sido en el Eixample donde algunos bares sí que han podido prender el fuego y torrar un poco de carne y pan bajo sus toldos. El Bar Mavi, el Pigalle, Los Alpes o el Sa Tassa han sido algunos de locales que han encendido la llama por Sant Sebastià. Su clientela, afortunada, ha sido prácticamente la única que ha podido celebrar esta tradición en Palma.
La fotografía de las plazas en las que tenían que tocar artistas como Henry Méndez, Pitxorines, Burning o Guaraná no tenía nada que ver con lo que debería haber sido este 19 de enero. En la plaza España, antes de las nueve de la noche, unos operarios recogían parte del escenario, el cual poco a poco, y bajo una intensa lluvia, iban metiendo en un camión. Algún despistado todavía preguntaba: «¿Sabes si va a haber música?».
Un par de cientos de metros más allá, la plaza Major: también vacía. Gente cenando y bebiendo cerveza bajo el porche, algunas de las pocas personas que han tirado para adelante con la decepción. Las torradores, solitarias y completamente mojadas -la rejilla colocada en diagonal en la parte superior del medio barril intentaba en vano proteger la leña-, se veían como elementos inútiles, meramente decorativos; evocaban al mirarlas algo que hasta el año que viene ya no será.
En Cort, el escenario se ha convertido en una improvisada barra de bar. La lona que cubría el conjunto sobresalía lo justo como para que algunos pudieran refugiarse de la lluvia bajo ella. Allí, frente al Ayuntamiento, se reflejaba una realidad incómoda: la programación alternativa, tanto la organizada por Podemos como la iniciativa de las cofradías, ha terminado por absorber a todas aquellas personas que buscaban disfrutar de la fiesta más tradicional, la organizada por el Consistorio. Allí, en distintos puntos de Sa Calatrava y Canamunt y en la plaza Santa Eulàlia, sí que ha habido fiesta. Y torradores encendidas. Dos elementos que en un día como hoy no podían sino atraer a todo aquel que fuese en busca de un poco de la esencia de Sant Sebastià.
En la plaza Joan Carles I, ha sido un poco de lo mismo. Ni gente, ni música, ni ambiente. Solo lluvia y un olor terroso que sustituía al de la carne asada.
Y es que, con todo, así ha sido esta revetlla. Palma podría haber hecho frente a la lluvia por Sant Sebastià, como ha ocurrido en anteriores ocasiones, pero se ha visto superada por el frío y el silencio que reinaba en las plazas. Habrá que esperar hasta el próximo año para, por lo menos, volver a torrar y bailar por el patrón de Ciutat.
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