Serenidad y veneno, por Juan José Millás

He leído que los niños españoles de hoy orinan un “cóctel de pesticidas”. La noticia no decía que los beben, sólo que los orinan, como si el veneno ya formara parte de su naturaleza, como si lo segregara alguna de sus vísceras con la naturalidad con la que el páncreas segrega cortisol cuando nos dan un susto. Nosotros, de críos, lo peor que llevábamos dentro era un chicle tragado por accidente, un miedo o una mentira. Ahora llevan glifosato, clorpirifós, un poco de nicotina agrícola y quién sabe qué más. Cada pis es una radiografía del campo, un informe líquido de la cadena alimentaria. Deberían poner urinarios con etiqueta: “Producto de proximidad”.

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