Fichaje con pedigrí galáctico. El delantero Iker Bravo va a convertirse en nuevo jugador de la UD Las Palmas y lo hará como un refuerzo de lujo para una delantera que, salvo la explosión de Ale García, quien suma cinco dianas, y más recientemente la de Jesé Rodríguez, con cuatro, ha adolecido de pólvora goleadora en una primera vuelta increíble a nivel defensivo. A pesar de su juventud, el nueve que recalará en la entidad amarilla, en calidad de cedido procedente del Udinese italiano, cuenta con una trayectoria que le avala y en la que ha ido dando pasos en busca de su asentamiento total dentro de un fútbol de élite al que parece estar destinado desde sus tiempos en La Masía.
Sin embargo, el camino de Bravo hasta el momento no ha sido nada sencillo. El talento de Esplugues de Llobregat fue una de las grandes referencias de la generación de 2005 en la cantera del Barça, que tenía entre manos a un killer que ya apuntaba maneras como futurible del primer equipo, pero todo se truncó cuando, con 16 años, abandonó el club blaugrana para marcharse hasta Alemania y firmar con el Bayer Leverkusen. En Alemania solo estuvo una temporada, llegando a debutar de forma oficial con los mayores, aunque lo cierto es que no consiguió ofrecer su mejor versión, teniendo que adaptarse a una vida nueva y a un proyecto distinto al que estaba acostumbrado.
Raúl y Arbeloa, las dos caras de la moneda
Un verano después de aterrizar en la entidad de la aspirina, Iker Bravo hizo las maletas y se marchó al Real Madrid cedido. En La Fábrica pensaron que el catalán tenía el suficiente potencial como para extraer de él todo su talento. Aun así, de nuevo, la falta de oportunidades y de continuidad le frenaron. Si el tiempo en Leverkusen le había ayudado a madurar, ahora necesitaba poner en práctica todo eso para empezar a brillar. Aun así, Raúl González Blanco, que por ese entonces era entrenador del Castilla, no le dio demasiada bola, aunque sí le dio tiempo a anotar un gol frente al Barça B en una eliminatoria de ascenso a Segunda en 2023 que tuvo su trascendencia por su pasado como culé.
Quien lo rescató para la causa fue el entrenador que acaba de tomar las riendas del primer equipo blanco: Álvaro Arbeloa. En palabras del propio matador, el ahora técnico merengue le salvó: «Cuando peor estaba, Arbeloa me tendió la mano», señaló en una entrevista en AS después de estar a las órdenes del gallego durante el curso 23-24 en el Juvenil A del conjunto madrileño, donde firmó 20 goles y seis asistencias para, de una vez por todas, reencontrarse consigo mismo y con su propio anhelo de triunfar. Ese retorno a los orígenes, esa revalidación de su propia confianza, le valieron para ser convocado por la selección sub-19 para disputar la Eurocopa de la categoría.
Irlanda del Norte como escaparate
La llamada de José Lana, seleccionador nacional, le dio el empujón que le faltaba. Estar con España siempre había sido un deseo para el delantero y así lo corroboró con una buena actuación en el torneo. Bravo marcó en la final ante Francia, que le dio el título al combinado español, un aspecto que además le coronó como el MVP del campeonato para redondear un curso de ensueño. Ese fue su gran escaparate, su primer gran salto de calidad desde su salida de La Masía y su renacer, logrando alcanzar ese primer escalón en busca de la élite al que ya aspiraba desde sus tiempos en Can Barça. Después de dos pasos en falso, le tocó empezar a volar.
Sus buenas sensaciones en la Euro le llevaron al Udinese, club al que llegó desde el Leverkusen a cambio de 600.000 euros. Ahora sí, su primer tren en la élite había llegado. No obstante, pese a disputar 31 encuentros en su primer curso en el fútbol transalpino y a tener cierta continuidad, no llegó a ganarse la titularidad, lo cual volvió a frenar un poco su progreso. Entre medias, pudo debutar con la sub-21, coincidiendo en su primera convocatoria con el grancanario Yeremay Hernández y el examarillo Alberto Moleiro.
Aun así, seguía siendo un tanto insuficiente para un futbolista joven, necesitado de minutos para terminar de explotar, aunque no se movió de la ciudad de Údine durante el verano pasado y arrancó de nuevo el curso en Italia.
De ser capitán en un Mundial al ostracismo
Lo cierto es que el inicio de la temporada 2025-26 para Iker Bravo fue realmente bueno. Actuó como titular en cuatro de los cinco primeros duelos del Udinese, anotando dos tantos. Ese buen arranque se cortó debido a su participación en el Mundial sub-20 celebrado en Chile; el de Esplugues abandonó la dinámica de su club para sumarse al combinado de Paco Gallardo, donde ejerció como capitán durante todo el evento. El delantero sumó dos goles, incluyendo uno para tumbar a Brasil, completó los cinco partidos con La Roja y resultó ser una pieza indispensable en todo momento, a pesar de acabar cayendo ante Colombia en los cuartos de final (2-3).
Su buen campeonato del mundo vino a refrendar lo bien que había comenzado el año futbolístico para él, aunque para su sorpresa ya no tuvo más protagonismo. En declaraciones a El Chiringuito, Bravo aseguró que todo cambió tras «el Mundial; creo que me merezco más, creo que no estoy teniendo el minutaje que me merezco. Todo lo que está en mi mano lo estoy haciendo. Es el momento de mi vida en el que mejor estoy física y mentalmente… Es un poco frustrante». Su única salida desde entonces para sentirse futbolista ha sido, nuevamente, la sub-21, donde Santi Denia ha vuelto a confiar en él al incluirlo en la lista del pasado mes de noviembre.
La UD como trampolín ¿definitivo?
Con su llegada a la Isla, Iker Bravo tiene en la UD la oportunidad de dar el salto definitivo. El catalán va a llegar cedido hasta final de temporada y tiene por delante seis meses para demostrar que su mejor versión está lista para el gran escenario, con la ayuda de un Luis García que ha demostrado su capacidad para extraer el máximo rendimiento de muchos jugadores que parecían un tanto perdidos: Enrique Clemente, Enzo Loiodice, Pejiño, Ale García… De ese modo, el delantero con pasado en los dos gigantes del fútbol español cuenta con una opción apetecible para crecer y sumar a un proyecto que aspira a estar en Primera División la próxima temporada.
Con Totti como uno de sus grandes referentes, Bravo es un jugador potente, con capacidad para asociarse, buena definición y del que todo el mundo destaca su liderazgo. Ahora le tocará ganarse un sitio ante Jesé y Lukovic por la titularidad, aunque sea de la manera que sea, los amarillos han cerrado una incorporación con pedigrí de galáctico por el enorme potencial que se le presupone a un futbolista que está llamado a ser uno de los pilares del ataque de la selección española absoluta en los próximos años.
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