Han pasado ya seis cinco desde la incursión de los helicópteros estadounidenses en los cielos de Caracas, y pese al tiempo transcurrido, aún no se ha roto el silencio más ensordecedor de todos los actores vinculados a la crisis de Venezuela: el del presidente de Rusia, Vladímir Putin. Desde Moscú, ha hablado el Ministerio de Exteriores, su titular, Serguéi Lavrov, oligarcas vinculados al mundo del petróleo como Oleg Deripaska, o incluso exprimeros ministros y expresidentes sin poder real, como Dmitri Medvédev. Pero el mutismo del líder del Kremlin ante el arresto de Nicolás Maduro, su principal aliado en América Latina, no ha pasado desapercibido a los observadores, quienes han desplegado un sinfín de conjeturas para explicar el comportamiento de la referencia última del poder en el gigante euroasiático.
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