En enero de 2020, en la primera expedición de la Supercopa en busca de la pasta de Arabia Saudí, el Barça de Ernesto Valverde jugó un partido cautivador en semifinales. No era lo habitual. El equipo ganaba, era líder de la liga, pero aburría a las ovejas. Ante el Atlético de Madrid en Yeda le sucedió lo contrario. Jugó bien, pero se dejó remontar en los últimos 10 minutos. Cautivador y la vez incompleto.
El club que presidía Josep Maria Bartomeu envió entonces a dos de sus altos ejecutivos a Qatar a tantear a Xavi Hernández y, desde ese momento, se supo a 4.000 kilómetros de Barcelona que frente al mar Rojo se había dado sepultura al proyecto del entrenador de perfil enjuto después de dos temporadas y media.
El Barça de Hansi Flickno le dio opción en este 2025 de salir de su tumba de Yeda. Otra vez Valverde que se vuelve de la ciudad costera saudí con la expresión sombría. No al mismo nivel de 2020, está claro. Nadie considera que vaya a ser despedido del banquillo del Athletic. Pero la tunda que se llevó ya en la primera parte, 4 goles en 16 minutos, era para hacer un agujero y dejarse tragar.
Viajar hasta Arabia Saudí para esto, para ser zarandeado de tal forma… Menuda gracia, debió pensar en la banda, de cuclillas, como acostumbra a posicionarse. A los jugadores bilbaínos, como Iñaki Williams, les molestaba el torneo lejos España, lejos de sus seguidores, y resulta tentador decir que se notó. Sensación de pereza generalizada en el bando bilbaíno. Su botín, de apenas 800.000 dólares, palidece comparado con los 6 millones y pico que se embolsará el Barça. No jugó para merecer más.
Duelo de porteros
No necesitó Flick ni siquiera a Lamine Yamal, reposando en el banquillo después de no entrenar el día anterior. Molestias estomacales, al parecer. Una suplencia decidida después de la comida del día, según reveló el técnico alemán. Que no se desgastase. Apenas actuó durante 20 minutos, como un entrenamiento suave. Regaló algún regate en el área y poco más. «Lo que hace fácil o difícil el partido somos nosotros mismos. Hicimos bien las cosas y por eso pareció fácil», concluyó Raphinha, autor de dos goles. Parece haber recuperado su mejor forma el brasileño después de aquellos dos meses de baja.
Joan Garcia detiene un balón ante el Athletic Club Bilbao en laproimera semifinal de la Supercopa / AP Photo/Altaf Qadri
No hizo falta tampoco una actuación portentosa de Joan Garcia. Disputaba un duelo silencioso a distancia con Unai Simón a cuenta de la selección española. Es un tema de debate en algunos foros después de su partidazo en Cornellà ante el Espanyol. ¿Lo convocará Luis de la Fuente para el Mundial? ¿No es el mejor portero de la Liga? ¿No es mejor cuanto menos que Unai?
Unai Simón salió perdedor y alargará la charleta. No tuvo nada que hacer en cuatro goles, fusilado como un paria, pero se comió el tercero, un tirito de Roony, convincente en su reaparición como titular. Se le coló el balón por debajo del cuerpo y se le puso cara de Valverde, de angustia existencial.

Los jugadores del Barça se abrazan después de uno de los cinco goles ante el Athletic. / Kai Forsterling / EFE
Joan Garcia apenas trabajó. Más en el calentamiento que en el mismo partido, exigido lo mínimo. En su cuenta suma 430 minutos sin encajar un gol bajo los palos del Barça. Notable racha. Los delanteros del Athletic ayudaron con algunos remates la mar de defectuosos en posición para marcar. Ambos, Garcia y Simón, se abrazaron tras el partido, deportividad máxima.
Fue un partido al que le sobraron fácilmente 45 minutos. El ritmo de la segunda parte puede considerarse una pequeña estafa al seguidor saudí. El trote cochinero del juego con el 5-0 en el marcador invitaba a mirar detalles curiosos sobre Yeda. Por ejemplo, según la tradición es el lugar en que fue enterrada Eva, la pareja de Adán, los conocidos personajes bíblicos. Bien, la tradición deberá incluir que aquí yace también algo de Valverde. Si no quiere volver más ahí, es más que comprensible.
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