Le pedí a mi madre que borrara todo

La noticia de la detención del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una operación militar de las fuerzas de élite de Estados Unidos, ha generado una ola de reacciones en todo el mundo. Sin embargo, para los venezolanos que viven en el extranjero, la jornada se ha vivido con una mezcla de estupor, esperanza y, sobre todo, un profundo miedo por sus familiares en el país. Ese es el caso de Andrés Lugo, un joven venezolano de 18 años afincado en Menorca, quien ha relatado para Cope Menorca la angustia y la incertidumbre que ha experimentado en las últimas horas, un testimonio que refleja el sentir de gran parte de la diáspora.

La madrugada del 3 de enero fue un caos en la capital venezolana. Andrés narra cómo el pánico irrumpió en su vida a miles de kilómetros de distancia. «A las tres de la mañana mi madre me llamó por WhatsApp y me dijo que nuestra casa se movía, que todo temblaba», explica. Su familia, residente en La Vega, una zona popular de Caracas, estaba viviendo en primera línea los bombardeos que precedieron a la captura de Maduro. «Me envió algunos vídeos y algunas fotos. El sentimiento inicial fue de gritos, pero después llegó una tensa calma», recuerda el joven, describiendo la confusión de unos momentos en los que nadie entendía realmente qué estaba ocurriendo.

Una alegría contenida

Cuando finalmente se confirmó la detención, la primera sensación fue de «un poco de felicidad y también la sensación de no verle más», admite Andrés. Para muchos venezolanos, la figura de Maduro se había convertido en un símbolo de opresión, y su caída representaba una puerta abierta al cambio. Sin embargo, el escepticismo no ha tardado en aparecer. Lugo duda de la versión oficial estadounidense, que enmarca la operación en una lucha contra el narcotráfico. «Yo creo que es una mezcla de estas cosas, sus nexos con el narcotráfico, pero nuestro país es como una perla en el Caribe para las petroleras», reflexiona, apuntando a que los intereses sobre las reservas de petróleo son una pieza clave del complejo tablero geopolítico.

El joven menorquín de adopción asegura que, aunque no se verá a mucha gente protestar en contra de la detención, entiende la furia de quienes creen que «esta intervención no beneficia a los venezolanos, sino nomás a los Estados Unidos». Es una desconfianza cimentada en el historial de intervenciones de Washington en América Latina, lo que genera una profunda incertidumbre sobre el futuro y el temor a que una crisis política derive en un expolio de los recursos nacionales.

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