Felipe VI dirige este martes su tradicional salutación de la Pascua Militar a unas Fuerzas Armadas estupefactas y atentas, como todas las europeas, a la sucesión de abruptos giros estratégicos de Washington, que ponen en tensión la pervivencia de la OTAN y la vigencia del derecho internacional.
Han querido las circunstancias que el más militar de los discursos anuales del jefe del Estado vaya esta vez estrechamente flanqueado en el calendario por dos elementos de extraordinaria inquietud. El Rey se dirige a los ejércitos en esta Pascua Militar a escasas 24 horas de la última confirmación del presidente norteamericano, Donald Trump, ante los periodistas de su aspiración a arrebatar a Dinamarca el control sobre Groenlandia, y sin que aún haya transcurrido una semana de la operación militar con que Estados Unidos ha capturado a Nicolás Maduro previo bombardeo en Caracas y otros puntos de Venezuela con -recuento no oficial- más de 80 víctimas venezolanas, y sin autorización del Congreso para iniciar una guerra.
Esas circunstancias le arrebatan intimidad castrense a la ceremonia: no podrá ser exclusivamente militar la audiencia que preste atención a la primera intervención pública del monarca tras una felicitación navideña en la que se pronunció contra la crispación y los crispadores, granjeándose una lluvia de improperios de ultraderecha en las redes sociales. Es también la primera intervención pública de la máxima autoridad del Estado tras expresar el Gobierno de España sus críticas a la incursión armada norteamericana en el Caribe.
Y, mientras, con Europa también atenta a la guerra en su flanco Este. Esa es, de hecho, la razón por la que en esta Pascua Militar no está prevista la presencia en el Palacio Real de Madrid el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que acude a París a una reunión del Grupo de Voluntarios para ayuda a la Ucrania invadida por Rusia. En el encuentro, esta vez en persona y no telemáticamente, como fue el anterior de diciembre, estará el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y el premier británico, Keir Starmer, además del francés Emmanuel Macron como anfitrión.
Palabras de Robles
Los Reyes Felipe y Letizia presiden el acto con presencia, por segundo año consecutivo, de la princesa de Asturias, Leonor, que recientemente ha dado sus primeros pasos como aviadora pilotando un turbohélice Pilatus de la Academia General del Aire.
En la ceremonia, como es habitual, está también previsto un discurso de la ministra de Defensa, Margarita Robles. El mismo marco de acontecimientos e inquietudes rodea a su intervención, en la que se espera además alusión a Gaza y la fragilidad del alto el fuego tras una matanza cuya condena ha liderado en Europa el gobierno español.
Se seguirá con atención cualquier cita de la ministra sobre la necesidad de autonomía estratégica por parte de Europa, el rearme continental, el esfuerzo industrial de la defensa en España y la prevista finalización de la misión FINUL de Naciones Unidas en el Líbano, que ha tenido un destacado liderazgo español y de cuya continuidad ha venido siendo partidario el ministerio de Defensa.
Por parte del Ejecutivo estará también presente en la ceremonia el otro ministro con funcionarios atañidos en la Pascua Militar, Fernando Grande-Marlaska, titular de Interior, de quien depende la Guardia Civil. Y como máximo representante militar figura en las previsiones del acto el jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), almirante Teodoro Esteban López Calderón.
Tradición
La ceremonia está prevista para el medio día. La Guardia Real es la encargada de rendir honores en la Plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, después de que la llegada de los reyes sea saludada con una salva de 21 cañonazos disparada por una batería artillera de esa unidad.
En la Pascua Militar precede a los discursos un acto de entrega de galardones a militares con una labor destacada durante el año. Saludan a los reyes además las hermandades y órdenes militares, y los jefes de los estados mayores de cada ejército.
La Pascua Militar fue instaurada por el rey Carlos III en 1782, como forma de celebrar la recuperación de Menorca por España tras el desembarco y cerco a la ciudad de Mahón con ayuda de una escuadra francesa.
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