Cualquier equipo que se precie de un objetivo ambicioso en una competición liguera ha de aprovechar los enfrentamientos contra los rivales débiles para afianzarse en la cima de la clasificación. Basta con resolver esos compromisos aun sin alardes. Sobre todo una vez disputadas 19 jornadas, cuando ya los puestos no son casualidad, sino causalidad. Así que, si el Zaragoza llegaba como penúltimo y los amarillos como segundos al partido de la antigua Romareda, sería por algo. Y pronto se vio por qué.
Tras veinte minutos de trámite, el equipo maño regaló una salida de balón para que se asociaran Fuster y Pejiño por el medio, lejos de donde los ubica Luis García, y un Jesé enrachado (cosas de delanteros) se viese obsequiado por la endeblez de Andrada para marcar por el centro a cámara lenta. Sexto pase de gol de Fuster, que sigue condenado a jugar en banda pese a ser el mejor media punta de la plantilla, y probablemente de la categoría, porque los galones pesan, aunque no brillen. Y ustedes me entienden.
Entonces la UD dio por sentenciado el partido, algo en lo que se ha especializado cuando marca primero por la sencilla razón de ser un equipo armado para fortificar su parcela antes que acosar la contraria. Un modelo de juego más reactivo que proactivo, más de aprovechar fallos del rival que de ser protagonista con el balón, algo que de momento sirve para alojarse en los primeros puestos y, como diría el malogrado Robe Iniesta, ensanchar el alma. Para qué más, se preguntarán el entrenador amarillo, la dirigencia y los militantes. Por qué no más, reivindicarán los exigentes y nostálgicos. Un debate inacabable.
Se trataba simplemente de contener al Zaragoza, solo pundonoroso, y verlo desangrarse en su agonía camino de Segunda B. Pero, como en la vida misma, los excesos de confianza se acaban pagando; si sacas pecho, te lo parten. Una rara pérdida de Mármol, la pasividad de Pejiño en ayudar a Viti y la tardanza de Clemente en cerrar un centro al segundo palo permitieron a Kodro un doble remate de cabeza y con el pie. Un retrato de que la superioridad hay que ganársela en cada acción, no cae del cielo.
Ya sucedió contra el Ceuta en el minuto 89 y sin margen de reacción, tras parapetarse en otro exiguo 0-1. En Zaragoza hubo más margen y menos mal que, excepcionalmente en esta temporada, Luis García apostó por las bandas, al situar al debutante Pedrola por la izquierda y el reaparecido Ale García por la derecha con Fuster (¡albricias!) por el eje. Una apuesta por invertir el habitual embudo ofensivo de Las Palmas.
Pero ni así los amarillos asumieron el mando. Los locales, animados por el empate y la timidez visitante, se instalaron en campo rival y pagaron el atrevimiento, aunque fácilmente hubieran podido remontar en sendas ocasiones diáfanas de Valery y sobre todo Kodro ante la insólita endeblez defensiva de Las Palmas. Daba la sensación de que el cambio de plan de Luis García había llegado tarde, hasta que Loiodice, por fin, desobedeció consignas para aparecer en el último tercio y darle un regalo a Pedrola que sentenció el encuentro, aunque Seidu pudo restablecer la igualada poco después con un remate al palo izquierdo de Horkas, tercer perdón maño frente a una UD que inicia el año nuevo con más de lo mismo. Efectividad máxima.












