Lo que sucedió el pasado sábado ante el Baxi Manresa no es más que la punta de un iceberg de un barco que no hace más que zozobrar y que amenaza con irse a la deriva más pronto que tarde si no hay cambios drásticos de cara a un 2026 que va a empezar con el patio más que revuelto en el seno del Casademont Zaragoza. La contundente e indecente derrota ante los catalanes ha hecho mucho daño y, a pesar de que Jesús Ramírez sigue contando con la confianza del club, la delicada situación que atraviesa el equipo merece una profunda reflexión de todos sus estamentos.
Que el técnico no está sabiendo llevar bien el timón es evidente, pero no es menos cierto de que sus tripulantes tampoco están haciendo demasiado por echarle a una mano. Porque si Ramírez, tras brillar en Alemania, no ha empezado con buen pie su primera experiencia en la Liga Endesa, la plantilla que se ha configurado desde el club, para el que se presumía una temporada en la que se iba a dar un salto de calidad, no está cumpliendo las expectativas. Pero ni de lejos.
De hecho, analizando nombre por nombre, tan solo hay un par de jugadores que se salvan de lo que está siendo un muy pobre rendimiento individual. El primero, el capitán, Santi Yusta. Con decir que, a estas alturas de la competición, es el jugador más valorado de la ACB sería suficiente. El madrileño es el líder de un equipo que la pena es que no esté sabiendo aprovechar el mejor momento de la carrera de Yusta. Tras él, aparece un Joaquín Rodríguez que, a base de raza e intensidad se ha hecho insustituible cuando en verano no tenía, ni mucho menos, un hueco asegurado en la rotación de Ramírez.
A partir de ahí, prácticamente la nada, empezando por los fichajes. Ni los nuevos han mostrado el nivel de brillantez ni de regularidad que tenían en sus anteriores clubs ni el técnico ha sabido mejorarlos. Tanto es así que Erik Stevenson, la apuesta como anotador para el nuevo Casademont, ya ha tenido que hacer las maletas después de su público rifirrafe con Ramírez y Joel Soriano ya las está preparando porque, si nada cambia, será el próximo en salir. Además, el pobre Kabaca, que en la pretemporada tampoco pareció un gran fichaje, no ha podido ni debutar por su lesión en un dedo en el mes de septiembre.
Robinson, Stephens, Bell-Haynes…
Por el nivel que se le presuponía, quizá la mayor decepción esté siendo Devin Robinson, un jugador llamado a dominar y que, aunque de vez en cuando deja destellos de su calidad, está pasando demasiado desapercibido para la apuesta que hizo el Casademont en él. Además, DJ Stephens ha demostrado ser mucho más estético que efectivo y paso adelante a nivel físico, su talón de Aquiles en las últimas temporadas, que quería dar el equipo no ha sido tal a pesar de que Koumadje parece haber solventado, en parte, ese problema en la pintura.
Pero es que los que también están rindiendo por debajo de lo esperado son los que ya estaban. Aunque, un jugador de la calidad de Bell-Haynes siempre acaba apareciendo en algún momento, al canadiense no se le está viendo nada cómodo y comienza a dar demasiados signos de frustración. Tampoco se le ve a gusto en la pista y no ha vuelto a ser el mismo desde su lesión en la mano Bojan Dubljevic. Además, Spissu no parece Spissu y Miguel González y Jaime Fernández cumplen con lo justo.
No pueden estar Pedro Llompart ni el resto de dirigentes del club contentos con lo que están viendo porque el trabajo veraniego se está viendo que no fue demasiado bueno. Ahora con Langarita en América, que Traoré tuviera que estar ante el Manresa con un dedo roto en el banquilo es el mejor ejemplo de ello.











