El papa León XVI lamentó este miércoles que «una economía distorsionada induce a tratar a los hombres como mercancía», en la homilía de la misa del Gallo de su primera Navidad tras su elección el pasado 8 de mayo celebrada en la basílica de San Pedro.
Ante 6.000 fieles, en esta misa en la que la Iglesia celebra el nacimiento de Jesús, el pontífice estadounidense dedicó su homilía a este momento en el que, afirmó, «para iluminar nuestra ceguera, el Señor quiso revelarse al hombre como hombre, su verdadera imagen, según un proyecto de amor iniciado con la creación del mundo».
Y citó las palabras de Benedicto XVI en las que afirmaba que «mientras la noche del error oscurezca esta verdad providencial, tampoco queda espacio para los otros, para los niños, los pobres, los extranjeros».
«Las palabras del papa Benedicto XVI, tan actuales, nos recuerdan que en la tierra no hay espacio para Dios si no hay espacio para el hombre: no acoger a uno significa rechazar al otro. En cambio, donde hay lugar para el hombre, hay lugar para Dios».
El papa León XIV. / Associated Press/LaPresse / LAP
Pero Robert Prevost afirmó además que con el nacimiento del niño Jesús, «Dios da al mundo una nueva vida, la suya, para todos» y «no es una idea que resuelva todos los problemas, sino una historia de amor que nos involucra».
El papa explicó que Dios, «ante las expectativas de los pueblos, envía un niño, para que sea palabra de esperanza; ante el dolor de los miserables».
«¡Él envía un indefenso, para que sea fuerza para levantarse; ante la violencia y la opresión, Él enciende una suave luz que ilumina con la salvación a todos los hijos de este mundo», agregó.
Y «mientras una economía distorsionada induce a tratar a los hombres como mercancía, Dios se hace semejante a nosotros, revelando la dignidad infinita de cada persona. Mientras el hombre quiere convertirse en Dios para dominar al prójimo, Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud.», agregó.
Concluyó destacando que «la Navidad, que es fiesta de la fe, de la caridad y de la esperanza».
«Es fiesta de la fe, porque Dios se hace hombre, naciendo de la Virgen. Es fiesta de la caridad, porque el don del Hijo redentor se realiza en la entrega fraterna. Es fiesta de la esperanza, porque el niño Jesús la enciende en nosotros, haciéndonos mensajeros de paz. Con estas virtudes en el corazón, sin temer a la noche, podemos ir al encuentro del amanecer del nuevo día», destacó.
Al concluir la misa, León XIV llevó en sus manos al niño Jesús desde el altar al pesebre colocado a un lado de la basílica acompañado de diez niños, que proceden de Corea del Sur, India, Mozambique, Paraguay, Polonia y Ucrania, y permaneció varios minutos orando ante el Nacimiento.
Ante de la misa, que León XIV volvió a celebrar a las 22.00 horas mientras que Francisco la había adelantado, sorprendió con un saludo a los cerca 5.000 fieles que esperaban en la plaza de San Pedro a pesar de la lluvia para seguir la misa del Gallo a través de las pantallas.
«La basílica de San Pedro es muy grande, pero no tan grande para recibir a todos vosotros. Por ello, gracias por vuestro valor por estar esperando aquí esta tarde», dijo el papa en inglés saliendo a la plaza de San Pedro antes de celebrar la misa en el interior en la que será su primera Navidad tras su elección el 8 de mayo.
Después, el papa habló en italiano: «Gracias por venir también con este es tiempo. Vamos a celebrar la fiesta de Navidad. El niño que ha nacido y que nos trae la paz, nos trae el amor de Dios».

El papa León XIV / Associated Press/LaPresse / LAP
Misa de Navidad
León XIV recordó este jueves el sufrimiento de los habitantes de Gaza y el de los desplazados y refugiados en cada continente, así como el de los miles de personas sin hogar en las ciudades, en la homilía de la misa de Navidad que se volvió a celebrar en la basílica de San Pedro después de más de 30 años.
En esta misa de Navidad, que no celebraban los pontífices desde 1994, León XIV afirmó: «Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás» y de los más frágiles.
Y ante ello, el pontífice estadounidense preguntó: «¿Y cómo no pensar en las tiendas de Gaza, expuestas desde hace semanas a las lluvias, al viento y al frío, y en las de tantos otros desplazados y refugiados en cada continente, o en los refugios improvisados de miles de personas sin hogar en nuestras ciudades?»
Y agregó: «Frágil es la carne de las poblaciones indefensas, probadas por tantas guerras en curso o terminadas dejando escombros y heridas abiertas».
«Frágiles son las mentes y las vidas de los jóvenes obligados a tomar las armas que, estando en el frente, advierten la insensatez de lo que se les pide y la mentira que impregna los rimbombantes discursos de quien los manda a morir», añadió Robert Prevost.
Sólo «cuando la fragilidad de los demás nos atraviesa el corazón, cuando el dolor ajeno hace añicos nuestras sólidas certezas, entonces ya comienza la paz», aseguró.
«La paz de Dios nace de un sollozo acogido, de un llanto escuchado; nace entre ruinas que claman una nueva solidaridad, nace de sueños y visiones que, como profecías, invierten el curso de la historia», dijo.
También indicó que «la Navidad vuelve a motivar a una Iglesia misionera, impulsándola sobre vías que la Palabra de Dios le ha trazado».
«No estamos al servicio de una palabra prepotente, estas ya resuenan por todas partes, sino de una presencia que suscita el bien, que conoce su eficacia, que no se atribuye el monopolio», agregó sobre la misión de la Iglesia.
Y aseveró: «Habrá paz cuando nuestros monólogos se interrumpan y, fecundados por la escucha, caigamos de rodillas ante la carne desnuda de los demás».
Tras la misa, el papa se asomará a la fachada de la basílica de San Pedro para el mensaje de Navidad y la bendición ‘Urbi et Orbi».












