Aciera, en Quirós, se ha convertido en el pueblo más navideño de Asturias y probablemente lo sea también de España: todos y cada uno de los vecinos han iluminado sus casas y sus hórreos de tal manera que no hay un solo rincón de la localidad quirosana que no tenga decoración navideña. Durante estos días el pueblo, situado sobre el embalse de Valdemurio, a unos 40 minutos en coche desde Oviedo está lleno de visitantes que quieren empaparse de su espíritu navideño.
Hay decoraciones de todo tipo: renos, muñecos de nieve, calabazas, estrellas, árboles de Navidad, elfos, papanoeles y, por supuesto, luces, muchas luces. Por todos los sitios. Hasta la berzas de alguna huerta están envueltas por luces navideñas.
Los hórreos resaltan especialmente: las tradicionales panoyas de maíz se han convertido en ristras de puntos led. Y los pegollos, esos pilares de piedra que sostienen los tradicionales graneros asturianos, ya no solo cumplen su función de mantener elevada esta construcción donde antaño se guardaban los alimentos del caserío, manteniéndolos así en un perfecto estado de conservación, lejos de la humedad y de los roedores.
En Aciera el visitante podrá encontrar que el “rincón de los deseos” está precisamente debajo de un hórreo. En una estructura de madera y cuerdas, se tienden decenas de papeles de colores donde todos han ido dejando escrito su sueño navideño. En uno de ellos un niño escribió: “Quiero un gato de verdad” y alguien, muy solidario, añadió pegado al anterior otro papel de colores donde pide “Un gato de verdad para el de al lado”.
«No nos lo creemos»
“Esta idea de la Navidad está creciendo mucho: en luces y en visitantes. No nos los creemos. Ya hace días que viene gente, incluso de Tenerife, preguntando por los detalles que vendemos”, explica Coloma Bastida, una de las impulsoras activas de la vida de Aciera desde su casa de Pirueño, en la parte alta del pueblo, donde una estrella colocada por ella y por Francisco Javier García Gutiérrez (“Guti”) corona el paisaje navideño de la aldea.
Aciera es un territorio escarpado que apenas cuenta con espacios para aparcar. Una buena idea es dejar el coche en la carretera que sube hacia Bárzana de Quirós, junto al embalse de Valdemurio, y recorrer en microbús, o incluso a pata, los pocos cientos de metros que conducen a la aldea. De hecho, en los horarios de microbús el acceso con vehículo propio estará prohibido para quienes no sean vecinos. «Aconsejamos venir por semana”, apostilla Coloma Bastida.















