La almeja

Uno, que ya es mayor, recuerda a aquel alto cargo del PSOE que tuvo que dimitir de su despachera cuando se descubrió que se había echado novia a costa del erario. Lo supimos porque ella, temerosa de perder el empleo público, lo grababa en cinta casette cuando se acababa el tema y luego nos la ponía (la cinta, digo) a los periodistas. Aquel Ábalos radiado acabó en sentencia absolutoria. El caballero volvió a presentarse a las elecciones y ganó, lo prometo. O a aquel al que detuvieron, ciego como un piojo, en la puerta de un puticlub al volante de su auto. Alto a la Guardia Civil, documentación y tal. El asunto no computó como machista, parece ser, porque el acosado era el portero del meublé. Lo largaron, se presentó otra vez y volvió a ganar en las urnas. Con el mismo partido.

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