En ‘Santa Brígida, un pueblo de medianías’ habla de la identidad y la memoria del municipio. ¿Cómo definiría la esencia del pueblo y qué lo hace único desde su perspectiva?
Santa Brígida es un municipio privilegiado desde el punto de vista natural, ya que su paisaje está marcado por montículos, antiguos volcanes y barrancos. Por este motivo he titulado el último capítulo ‘Los topónimos de Santa Brígida’, ya que son precisamente esos nombres los que definen a la perfección el municipio. Topónimos como el Barranco de Satautejo, el Monte Lentiscal, El Mocanal o Los Olivos reflejan ese vínculo con el entorno. Por eso sostengo que Santa Brígida es un pueblo que nació del bosque, y que muchos de sus topónimos tienen su origen en las plantas y en la naturaleza que lo rodea.
La obra se estructura en 21 miradas diferentes. ¿Por qué eligió esta forma específica de organizar los relatos?
La elección fue gracias al artista Felipe Juan, quien me motivó a escribir este libro. Él había ilustrado varios obras sobre los distintos municipios de la isla y me propuso crear los textos y narraciones para sus ilustraciones de Santa Brígida. Fue un reto que acepté con entusiasmo. Así nació el proyecto y esta idea: escribí 21 relatos en honor a los municipios de la isla y, a partir de mis textos, él creó sus ilustraciones.
¿Hay alguna historia o personaje que haya querido resaltar a través de sus escritos?
Por supuesto que hay personajes destacados. Parte del libro se inspira en mis memorias, entre las que destacan mi infancia en el monte, mi juventud y mi época como concejala en el municipio. Dedico uno de los capítulos a la figura más relevante del pueblo, el historiador Don Francisco Morales, a quien quise rendir homenaje. También hablo de Lola Massieu y del sepulturero del cementerio, un señor que conocí al comenzar mi etapa en la política local.
Si pudiera invocar un único recuerdo de su infancia que encapsulase la esencia de Santa Brígida, ¿cuál sería?
Mi recuerdo más preciado es, sin duda, vivir entre flores y casas con jardines, caminar por distintos caminos y estar rodeada de zarzamoras o descubrir charquitos llenos de berros. Era la vida rural en contraste con el tiempo que pasaba en otra casa en la capital.
Si pudiera enviar una carta a la Santa Brígida del futuro, ¿qué le pediría a la próxima generación de habitantes?
No se lo diría solo a los vecinos de Santa Brígida, sino a toda la isla e incluso al planeta entero. La naturaleza es nuestra casa y si la dañamos o le quitamos lo que nos da la vida, no sé cuántos años difíciles nos esperan. Por eso es fundamental estudiar dónde se construye y dónde no, y cuidar nuestro entorno. Yo siempre digo que en mi casa no tengo cortinas, ya que el paisaje es una verdadera obra de arte.
Como persona con trayectoria en la enseñanza, ¿cómo ve el papel de la educación en la preservación de las tradiciones e identidad local?.
El profesorado es clave y esencial para preservar la identidad de Santa Brígida. Los docentes marcan el futuro de muchos alumnos, ya que gran parte de su tiempo la pasan en la escuela y ven al profesor como un guía. La educación permite conocer y aprender; y cuando conoces algo, normalmente lo valoras, y si lo valoras, lo cuidas. Por eso es tan importante transmitir estos valores a los jóvenes.
En un plan más íntimo, ¿cómo imaginas que sería su vida si no hubieses crecido en Santa Brígida?
Soy una amalgama de todos los lugares en los que he vivido. Santa Brígida no ha sido mi único hogar, y de todos los sitios por los que he pasado me llevo muchas cosas buenas. Supongo que, de haber vivido en otros lugares, también habría sido feliz.
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