Deportivo de la Coruña: 1-0

Los cuentos de hada aún existen y el de Riazor tuvo a Noé Carrillo como protagonista. Más de una vez, en sus años en Abegondo, fue el patito feo de su generación, tuvo incluso algún pie fuera de la cantera. Hace poco dos lesiones inoportunas se cruzaron en los últimos pasos de su camino al primer equipo. Pero el Dépor, a quien es bueno, siempre le espera. Y solo había que aguardar a que ese balón cabeceado por Bil apareciese ahí manso para empujarlo a la red. No llevaba ni cinco minutos en el terreno de juego en el día de su debut y ya asomaba el descuento cuando el joven de Teo ponía por delante al Dépor y lo catapultaba a la siguiente eliminatoria de la Copa del Rey. Salió corriendo Noé y con los ojos húmedos a celebrarlo a la banda, la grada rugía, era uno de los suyos, juntos habían empujado la pelota a la red. El Fabril, el Dépor quieren más, no están saciados, más ahora que aparecen los octavos de final. El tanto premiaba un ejercicio de competitividad y de supervivencia de un Dépor híbrido, que se levanta así de los dos últimos golpes tumbando a un equipo de la élite de La Liga Española. De sopapo en sopapo.

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