Richard Gere, oh, Gere

Como todas las mañanas desde hace 55 años, Richard Gere entra en su habitación para la meditación. Allí, sentado, cómodo y concentrado, mira las fotos que cuelgan de las paredes, prácticamente el único atrezzo de la estancia: son los retratos de sus maestros budistas. Jamás llegará a su nivel, por mucho que practique, pero un día más se siente contento y satisfecho, se dice mientras empieza a seguir su propia respiración. Hoy pierde la cuenta, así que, como hace siempre que ocurre, se detiene y se dice: «Oh, estoy pensando otra vez». Vuelve a concentrarse en su respiración y poco a poco se pierde dentro de sí mismo.

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