La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha reiterado este lunes tras reunirse con los ministros de Defensa de los Veintisiete, que hacer uso de los activos rusos congelados para dar un préstamo a Ucrania que garantice su viabilidad económica es la única opción realista, a pesar de la resistencia de Bélgica, cuyo primer ministro ha rechazado de plano la propuesta de la Comisión Europea.
Para la alta representante de Política Exterior y de Seguridad del bloque, «si se piensa en los daños que Rusia ha causado, esta es la mejor solución». De hecho, la estonia considera que hacer uso de los activos congelados enviaría un «contundente» triple mensaje. A Ucrania, de que la UE está ahí «para ayudarle en defensa»; a Moscú, «de que no pueden ganarnos»; y a Estados Unidos, «de que estamos tomando medidas creíbles y firmes».
Kallas ha reconocido además que las otras opciones que la Comisión contempla, como la emisión de eurobonos o utilizar el presupuesto comunitario, «están fuera de discusión para algunos Estados miembros». El problema es que Bélgica, sede de la empresa que acoge buena parte de los activos congelados, se opone, haciendo imposible utilizarlos.
Plante belga
En una durísima carta a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, de la que se han hecho eco varios medios, el primer ministro belga, Bart de Wever, advierte de los «riesgos sistémicos para la UE como mercado financiero» que conlleva hacer uso de los activos congelados. Es «fundamentalmente un error», ha asegurado de Wever, antes siquiera de que el Ejecutivo comunitario presente el texto legal de la propuesta.
De los alrededor de 200.000 millones de euros en activos congelados rusos, unos 140.000 millones están en manos de la empresa Euroclear, con sede en Bélgica. La propuesta de la Comisión pasa por que Euroclear conceda un préstamo a la UE por el mismo valor, para que pueda facilitar ayuda financiera a Ucrania. Kiev solo tendría que devolver el dinero si Rusia no paga los destrozos causados durante la guerra.
Los activos permanecerán congelados mientras dure la guerra si los Veintisiete logran mantener las sanciones al Kremlin. Pero Bruselas entiende que los gobiernos deben proveer garantías para que Euroclear pueda devolver el dinero a Moscú si el sistema salta por los aires. Esto es precisamente lo que le preocupa a Bélgica, tener que pagar la factura.
Pero no solo eso, en la misma carta, el primer ministro belga asume la narrativa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. «Avanzar apresuradamente con el plan de préstamos de reparaciones propuesto tendría, como daño colateral, que nosotros, como UE, impidiéramos efectivamente alcanzar un eventual acuerdo de paz», ha dicho De Wever.
«No minimizo en absoluto los riesgos ni las preocupaciones del Gobierno belga», ha dicho la jefa de la diplomacia europea, que ha insistido, sin embargo, en que el resto de países están dispuestos a asumir los riesgos. «Necesitamos acordar las opciones de financiación con urgencia», ha insistido Kallas, añadiendo que garantizar la financiación plurianual de Ucrania sería «un punto de inflexión» en la guerra.
Negociaciones de paz
La UE busca modelos para reforzar la capacidad militar y económica de Ucrania porque no se fía de Rusia. Aunque Kallas ha reconocido que esta semana podría ser «esencial para la diplomacia», en relación a las negociaciones de paz, la estonia también ha insistido en que «no debemos perder de vista que es Rusia la que inició esta guerra y la que la continúa».
La alta representante de la Unión ha dicho que Moscú espera «una muy buena oferta, porque ven que hay mucha presión sobre la víctima, pero no se les piden sacrificios», en relación a las tácticas de negociación de Estados Unidos. Preguntada por si confía en la Casa Blanca, Kallas ha sonreído nerviosa. «Confío en que los ucranianos se defiendan por sí mismos», ha sentenciado.
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