Entrar en las aulas para visibilizar y concienciar sobre la violencia machista a los niños y a las niñas; romper con la idealización del enamoramiento que atrapa a las víctimas en las relaciones de dominación y desigualdad; acabar con síndrome de la impostora para que la mujer violentada no cuestione su propia vivencia; formar a jueces y juezas, a fiscales y fiscalas, a abogados y a abogadas; y poner fin al sistema social androcéntrico, patriarcal, resumen la ardua tarea que aún queda por hacer para lograr una sociedad de igualdad plena, donde solo se hable de personas no de géneros.
El psicólogo experto en intervención con maltratadores, Jorge Freudenthal, durante su intervención. | JOSE LUIS FERNÁNDEZ
El Primer Congreso Regional de Violencia de Género abordó la prevención, el cómo intervenir desde todos los ámbitos, con una coordinación multidisciplinar, y cómo restaurar a las mujeres víctimas y a sus hijos y sus hijas durante este fin de semana, de la mano del Colegio de Psicología de Castilla y León que reunió en Zamora a expertos y expertas del más alto nivel en el estudio de este grave problema estructural de la sociedad.
«De los 300 homicidios que hay en nuestro país cada año, 60 son asesinatos de mujeres por violencia machista», este dato estadístico incontestable demuestra la existencia de este gravísimo problema que «el 19,9% de los chicos de 15 a 24 años consideran un invento ideológico, y el 13,9% entre las chicas de esas edades», apuntaba el médico forense Miguel Lorente Acosta. Quien fuera delegado del Gobierno para la Violencia d Género del Ministerio de Igualdad entre 2008 y 2011, ilustró a los participantes, de diversas disciplinas, sobre «Nuevas masculinidades y violencia de género» para recalcar que «la conciencia surge de la experiencia subjetiva, de lo vivido» y la sociedad lleva 10.000 años con un sistema androcéntrico, el hombre en lo público y en los centros de poder, y la mujer relegada a lo privado, «por eso el contexto social y cultural son esenciales» para lograr la igualdad.
Advirtió del peligro de las redes sociales que han sustituido a los medios de comunicación entre la población más joven para informarse, por ellas «se cuela esa construcción machista que trata de conquistarles para justificar la violencia de género y normalizarla». El profesor de medicina legal en la Universidad de Granada hizo especial hincapié en que «el cambio social debe de ir de la mano del cultural, o cambia todo o no cambia nada. Hay que cambiar la masculinidad y no basta con asumir los cuidados en la familia. Debe haber un cambio más profundo, de roles«.
Únicas víctimas que se sienten culpables
Acabar con el enamoramiento que atrapa a las mujeres víctimas de violencia de género en una relación que agrede y la veja es una arista a trabajar para poner fin al problema. Es preciso abordar ese ámbito de los afectos «porque es donde te sientes más vulnerable», explicó Soledad Murillo, socióloga y exsecretaria de Estado de Igualdad, una de las madres de la Ley de Violencia de Género de 2004 pionera a nivel internacional. Incidió sobre el dato de que las más jóvenes tardan entre 3 y 8 años en romper la relación con su maltratar porque «se sienten culpables, son las únicas víctimas, junto con las niñas violadas».
Apostó firmemente por la formación de juristas para que comprendan la indefensión de estas mujeres en un estrado judicial, «una mujer amenazada se orina, tiene pánico; un hombre se enfada», recalcó tras afirmar con rotundidad que la Ley de 2004 no habría salido adelante si tuviera que votarse hoy en día con la ultraderecha minimizando la violencia de género, pero asegura que no será posible dar un paso atrás porque existe toda una estructura estatal, autonómica y local que ya no se puede desmontar.
Revertir la conducta violenta del maltratador
Los programas de intervención con los violentos machistas sí pueden dar resultados, abrir un camino al maltratador de reflexión sobre los patrones de conductas aprendidos y el daño que causa en su pareja hijos e hijas. El psicólogo y coordinador del Programa Terapéutico de Intervención con hombres en violencia de género, Jorge Freudenthal Pascual, expuso su experiencia con maltratadores condenados a los que se conduce a través de terapia hacia otras formas de relacionarse con su pareja y con sus descendientes. El experto apuntó que algunos no son conscientes del efecto demoledor que pede tener en la víctima y que estas terapias logran que tomen conciencia y modifiquen esas conductas, una trabajo que se considera imprescindible para erradicar la violencia contra la mujer.
Soledad Murillo instó a los jueces y juezas a que dejen de imponer trabajos en beneficio de la comunidad que no estén directamente relacionados con los cuidados que asume siempre la mujer, «cambia el registro afectivo, ponle a cuidar, y no les envién a trabajos de jardinería, de mantenimiento para poner bombillas».
Suscríbete para seguir leyendo














