Un camino inesperado hacia la cocina de hotel
Nacido en Coimbra (Portugal), Nuno Matos estudió Física hasta que comprendió que quería impactar directamente en las personas, no en la materia. Dejó atrás su máster en estados sólidos y se formó en la Escuela de Hostelería de Estoril. Trabajó en cocinas tan exigentes como The Fat Duck (Londres), Relae (Copenhague) o Saturne (París).
Hace aproximadamente un año asumió el cargo de chef ejecutivo en el The Westin Palace Madrid, hotel inaugurado en 1912 y recientemente remodelado, con 470 habitaciones y una intensa actividad gastronómica. Según él, el desayuno es fundamental para causar una buena impresión inicial y en este hotel se sirven cerca de 700 desayunos al día.
Gastronomía de hotel: ambición y desafío
Una de las convicciones de Matos es que “ser cocinero de un hotel no significa ser peor cocinero”. En su visión, la cocina hotelera exige mayor gestión, coordinación y variedad: diferentes comidas, públicos y expectativas. En su equipo se preparan 300 kilos de carne a la semana, lo cual habla de la escala en que opera.
Esta escala no ha apagado su deseo por la excelencia. Al contrario: está decidido a que cada servicio se viva como una experiencia, también aquellos que suelen considerarse menores, como el room‑service.
La hamburguesa de habitación como símbolo
Una de las frases más llamativas de Matos es: “Quiero que quien pida una hamburguesa en la habitación coma la mejor de su vida”. Ese enunciado representa su filosofía: trasladar la calidad de un gran restaurante al confort de una habitación de hotel.
En la práctica, implica atención al producto, cocinado, servicio, embalaje, temperatura… todos los elementos para que ese momento sencillo —una hamburguesa— se eleve. En lugar de pensar que ‘una hamburguesa de habitación’ es algo menor, lo convierte en un momento protagonista.
El menú del hotel, tradición y modernidad
La carta que dirige Matos mezcla raíces familiares, producto ibérico y técnicas contemporáneas. Un ejemplo: una paletilla de cordero marinada, cocinada a baja temperatura, servida sobre puré de espinacas con ajo y aceite de oliva, rematada por una salsa demi‑glace de vino tinto y Oporto y guarniciones de acelgas salteadas, manzana cocinada y ajo negro.
Pero también conserva lo cotidiano: en el Palace preparan tortilla de patatas (sí, con cebolla) y no rehúyen de que visitantes madrileños o locales decidan comer en el hotel sin vestimenta de gala. Su intención es que el lugar sea clásico sin dejar de ser dinámico, acogedor y abierto.
Ante un futuro abierto: sin obsesión por la estrella
Matos afirma que no cocina “para su ego”, sino “para otros”. Aunque reconoce que una estrella Michelin Star sería un honor, no la ve como única medida de calidad.
Desde su punto de vista, el éxito radica en que los clientes salgan contentos, repitan y hablen bien del hotel. Esa filosofía se aplica desde el desayuno hasta la cena, incluyendo el servicio en la habitación.
¿Por qué importa esta apuesta?
En el mundo de la hostelería, los hoteles de lujo buscan diferenciarse no solo por habitaciones o spas, sino por gastronomía. Que un chef de alto nivel reivindique una hamburguesa de habitación indica un cambio de paradigma: no hay menús secundarios. Todo cuenta.
Además, este tipo de enfoque mejora la percepción de la oferta hotelera para huéspedes locales, visitantes internacionales y también para quienes lo ven como espacio de ocio y no solo alojaje. Matos lo resume así: el hotel “es muy de Madrid, y quiero que los madrileños vengan a tomar el té, a cenar, a disfrutar”.
Lo que un visitante puede esperar
- Una hamburguesa en la habitación que no parece “fast food”, sino cuidadosa en cada detalle.
- Un ambiente de hotel clásico con toques renovados, donde el restaurante, banquetes y servicio de habitaciones operan con altos estándares.
- Una cocina accesible para distintos públicos: tanto huéspedes de paso como locales.
Reflexión final
El chef Nuno Matos trae consigo una visión refrescante: romper jerarquías entre restaurant gourmet y gastronomía de hotel. Su proyecto en el The Westin Palace Madrid demuestra que un hotel de lujo puede ofrecer momentos gastronómicos de alto nivel en cada rincón —sí, incluso en la habitación— sin perder sentido de acogida ni escala humana.












