Cientos de alicantinos tienen a algún familiar perdido entre el anonimato y el tumulto de las fosas comunes. Su lucha por la exhumación es una carrera de fondo que nunca termina. Cada uno de noviembre las historias de aquellos ciudadanos fusilados en la posguerra o muertos en bombardeos sangran en el silencio del cementerio mientras sus familiares luchan por un final digno.
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