La situación es curiosa. Mucho. La situación personal mucho más, o no nos movemos en meses o te centrifugan el alma. Los sentidos no engañan… a nadie. La mente nos traiciona ocupando el tiempo con sandeces que a toda hora llegan por la red, auténtica bazofia, barra libre de love bombing comercial. Todo son órdenes y exigencias en cualquier ámbito o sector, en lo privado igual si lo permites. Hay que cultivar un poquito más la imaginación y no permitir tanto que te entren a cualquier hora hasta la cocina o cualquier otro rincón, aparta un ratito ese trasto. Una deriva que te hace ver espejismos e imaginar cosas que ya das por hechas y no se van a dar nunca, te lo aseguro. En papel el público hace decenios que ha madurado solito, el formato libro ya no basta para dar credibilidad a cualquier cosa porque tenga lomo. Racionalicen este otro formato que nos relaciona con el mundo, una maquinaria que va subiendo como una auténtica fábrica de fiascos, uno tras otro. En los sesenta hundieron las cuberterías de plata y hoy la peña sorbe la sopa con artilugios de plástico que encima nos llena el mar de muerte. El Mar, nuestro principio de vida.
Cualquier idiota ya tiene su protagonismo y esas personas que no han acudido nunca una tertulia (no las subvencionadas, las espontáneas), no leen ni saben escuchar al prójimo o empatizar. Se atreven a ir de pregoneros dedo arriba dedo abajo en lo que es un autoestop virtual. La imaginación de bajo nivel es una cutrez cada día más generalizada de los que no saben soñar con los ojos abiertos y además hoy produce una enorme fatiga que puede dar paso a una seria infoxicación.
Volver al orden del otoño debería ser una muy buena noticia, pero en el ambiente el aire viene sucio y caliente como un acosador de mujeres en las calles de un pueblo pequeño, la peña sigue a regañadientes sin redefinir ni el armario y ante el poder de unos pocos miran hacia otro lado. ¿Por cuánto tiempo? Digamos que los hay que solamente han mirado el calendario y ya llevan dos mangas pero el termómetro no ha variado mucho.
Los principios de las estaciones antes se presentaban con cierto espectáculo, hoy el panorama es bien diferente. En el coche llevo paraguas, toalla y gafas por si puedo ir al mar, un pequeño impermeable por si cambia todo en diez minutos sicilianos para pronto volver a lo de siempre… un auténtico kit del por si acaso pues la cosa va oscilando en todos los colores del arco. Por tópico no menos temerario, se respira un ambiente de crónica dificultad de avanzar y cuando esto sucede llega la más absoluta involución. Ni comentar la gravedad de la política neofascista de turno, recordar una vez más la autoproclamada izquierda por la gracia de su dios y por Snoopy, cada día dando más puta pena y engordando al dragón. La gente ya no está para más discursos vacíos o llenos de bazofia y eso en un país de una grandísima belleza donde las gentes y sus naciones tienen el sentido de la responsabilidad acentuado para facilitar el giro de la rueda donde arriba se han colgado del cuento unos cuantos.
Cierro la librería y voy hacia el coche. En el barrio de Santa Catalina dos carrilanos se han reencontrado y tirado al suelo. Uno su bici, la otra las bolsas de plástico, hombre y mujer, se besan interminablemente, extranjeros hacen foto, todo en el suelo en medio del tránsito. Caro. Es obvio que hace mucho tiempo que no se ven ni se dan agua, son personas conocidas en Marginalia. Cien metros más arriba dos hombres en la plaza, uno casi duerme dentro de un carrito de super, su vida era el precio y perdió o eso parece. Todo el mundo tiene madre, pero lo de la suerte ya es toda otra cosa. El despierto canta el estribillo de la música que escuchan del móvil. Parece que disfrutan de un final de día en que la gente desaparece y la plaza es otra vez toda suya, no pierden fuelle. Hay algo más y también la imagen del conformismo absoluto en todos los estratos de un estado de cosas manicomial.
El viento sacude sus pertenencias. La situación general es curiosa, mucho. Los sentidos no engañan. Un hombre más mayor apura el pitillo, frente arrugada y ojos vidriosos, una lágrima dibuja el contorno en su patilla. Ya en el coche, las noticias anuncian un otoño prodigioso pero hoy sigue soplando un viento bastardo y caliente, sucio y tendencioso. Me dirijo fuera de la ciudad. Ustedes disculpen.






