Juan Antonio Ibáñez se encarga desde hace unos meses del negocio de antigüedades de la barriada de Cala Major que esta mañana ha quedado precintado por peligro de derrumbe. Ha sido él quien ha avisado a los bomberos, porque la dueña del negocio, que lleva 40 años abierto al público, está ingresado desde hace unos meses en un hospital. “Ayer me encontré un trozo de yeso en el suelo y ya empecé a preocuparme. Pero esta mañana he visto que la viga principal, que atraviesa el local de lado a lado, estaba partida y el techo empezaba a agrietarse”. Ante este descubrimiento lo primero que ha hecho ha sido avisar a los bomberos, que ante el peligro de derrumbe, además de precintar los seis locales del edificio, han apuntalado el techo del local para evitar el derrumbe. “Nos hemos salvado de milagro porque una viga partida es muy peligrosa. Podría haber ocurrido lo mismo que pasó en el local del Arenal, donde el techo se vino abajo al partirse la viga de sujeción. Menos mal que me he dado cuenta del peligro cuando no había nadie en la tienda. Hemos evitado una gran desgracia”.
El hombre ha explicado que hace más de medio siglo que no se realiza ningún tipo de mantenimiento, ni revisión de la estructura, en los locales. Además, el techo soporta mucho peso, porque corresponde a la terraza de un bar que se suele llenar de gente todos los fines de semana. “Es normal que los clientes bailen, pero este peso afecta a la estructura del edificio, sobre todo cuando la viga que soporta la estructura no está en buenas condiciones”. Juan Antonio cree que si no hubiera descubierto la rotura de la viga, seguramente el techo se habría derrumbado este próximo fin de semana y lo habría hecho con la presencia de los clientes del local de ocio. “Es fácil imaginarse la desgracia que habría provocado si se derrumba el techo con gente bailando en la terraza. Seguramente tendríamos que lamentar alguna víctima”.
Los bomberos han apuntalado el techo del local más afectado / Jaime Reina
Samuel es el dueño de la pizzería Barn’s. Además de restaurador es constructor y conoce muy bien las estructuras de los edificios. Hace apenas un año que abrió el negocio y ahora, por el peligro de derrumbe, tendrá que cerrarlo. “Es una pena porque arrancar un negocio es muy difícil. A nosotros nos iba muy bien, pero calculo que no podré abrirlo de nuevo hasta dentro de un año, porque el edificio necesita una reforma muy importante”. El empresario espera recuperar el dinero que ha invertido, porque el estado de la estructura no es una responsabilidad suya, sino de la dueña del edificio. “Es lógico que los bomberos hayan precintado los seis locales. Una viga partida es muy peligrosa porque aguanta mucho peso y existe el peligro de que todo el edificio se derrumbe. Al menos, no hay que lamentar ningún herido”.













