De 140 quilates y un valor estimado de 50 millones de euros, el ‘Regente‘ es uno de los diamantes más importantes del Museo del Louvre y uno de los más bellos del mundo. Es también una de las piezas expuestas en la galería Apolo y, por ende, una joya susceptible de ser robada. A pesar de ser un artículo extremadamente lujoso, la piedra preciosa ha conseguido sobrevivir al atraco.
La lógica podría decir que los ladrones fueron ingenuos al omitir esta pieza durante su artimaña de guante blanco, sin embargo, su decisión viene motivada por la extrema dificultad para venderlo.
El diamante ‘Regente’ es una de las piezas más valiosas de la colección del Louvre y también una de las más famosas en todo el mundo.
La rareza, belleza, estética y alto valor de esta pieza hacen que sea muy reconocible. Por ello, su venta en el mercado de la alta joyería sería muy compleja y llamaría mucho la atención, debido a que cuando se produce un robo como el que ha tenido lugar este domingo, hay muchos ojos pendientes de los nuevos objetos que salen en oferta.
Otra opción que tendrían los ladrones sería romperlo y venderlo en piezas más pequeñas, pero sus características tan especiales lo hacen rastreable ante los ojos más expertos, lo que también dificulta ponerlo a la venta.
Sin embargo, este modus operandi sí podría servir para otras piezas que hayan podido robar los ladrones, puesto que hay algunos artículos de la galería Apolo conformados por joyas incrustadas que se pueden desmontar y pasar desapercibidas, facilitando así su venta individual.
Un ejemplo de estos casos puede ser el juego de joyas de la reina María Amelia o el collar y pendientes a juego de esmeraldas de la emperatriz María Luisa.
Un tesoro histórico
Los célebres diamantes de la antigua corona francesa se pueden clasificar en tres grandes piezas históricas. El citado diamante ‘Regente‘, de 140 quilates, el ‘Sancy‘, de 55 quilates, y el ‘Hortensia‘, de 22 quilates.
El primero le saca por mucho al resto y no solo en lo tocante a los quilates. Se considera que este diamante es perfectamente incoloro, lo que lo hace uno de los más célebres. Fue descubierto en la India en 1698 y, posteriormente, se talló con una técnica especial que permitía resaltar todavía más su intensidad.
Cuando estaba listo para la venta, la pieza tenía un precio extremadamente alto, lo que hizo que Luis XIV rechazase comprar esta joya, que en aquel momento era el diamante de mayor envergadura conocido. Fue Felipe de Orleans, sobrino y regente de Francia durante la minoría de edad de Luis XIV, el que decidió comprarlo en 1717, dándole el nombre de ‘Regente’, según la información que otorga el propio Museo del Louvre.
Durante la etapa revolucionaria, la pieza fue guardada en la Garde-Meuble Nacional, junto al resto de joyas de la corona y, posteriormente, fue uno de los adornos favoritos de grandes personalidades como Napoleón —lo utilizó para decorar una espada—, Luis XVIII, Carlos X y hasta la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III.











