Cumplo mi promesa de la semana pasada. Les decía entonces que la exageración en las conversaciones y en los medios de comunicación (pantallas incluidas) está ya sacando los pies del tiesto de modo harto frecuente. Que si no cacareas y amplías lo tuyo hasta el límite de arruinar la veraz y leal conversación o comunicación, ni caso que te hacen, ni espacio te conceden en el medio, la cadena o la plataforma. Que ya no sabes si darle un cachete a tu interlocutor por hinchahistorias y tramposo o un besito por enseñarte cómo va la cosa del contar en estos tiempos de léxico paupérrimo, sintaxis esquizoide y semántica de mercadillo.
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