Esta semana se retiró el letrero del IES El Palmeral. Un gesto aparentemente simbólico, pero en realidad profundamente revelador. Porque, aunque se ha eliminado el nombre, no se ha creado nada nuevo. Solo se ha borrado, con prisa lo que durante décadas ha sido un pilar educativo en Orihuela.
Nos han anunciado con bombo y platillo la conversión del IES El Palmeral en un Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP). Una transformación que suena atractiva, pero que no pasa de ser una palabra hueca, una fachada sin contenido. No hay ciclos nuevos, no hay presupuesto, no hay proyecto, no hay infraestructuras. Solo habrá un nuevo cartel. Y todo esto, con el beneplácito del gobierno de Orihuela, quienes deberían defender una educación pública de calidad, pero parecen más preocupados por la propaganda que por la pedagogía. El cambio, así planteado, no es progreso. Es maquillaje.
Pero el fondo del problema es aún más grave: muchos estudiantes de ESO y Bachillerato han sido desplazados, reubicados a la carrera, sin una planificación clara ni garantías suficientes. ¿Dónde está el estudio técnico que justifica que los demás institutos de Orihuela pueden absorber esa carga? ¿Dónde están las inversiones para ampliar esos centros? No será este año, tal vez tampoco el próximo, pero veremos barracones. Veremos masificación. Y lo peor: veremos cómo la calidad educativa se resiente.
Lo que se ha hecho no es crear un Centro Integrado de FP, sino mover piezas con improvisación
Para colmo, los módulos de Formación Profesional que se han trasladado al antiguo El Palmeral, según mis fuentes, tampoco cuentan con condiciones adecuadas. Están en aulas de instituto, no en aulas-taller como deberían. No hay equipamiento adaptado, ni espacios específicos, ni recursos suficientes. En definitiva, lo que se ha hecho no es crear un Centro Integrado de FP, sino simplemente mover piezas sin sentido, sin planificación, porque transformar un centro requiere mucho más que cambiar un letrero por otro.
Esto, que nos venden como una apuesta de futuro, es en realidad un salto al vacío. Han destruido algo que funcionaba sin tener nada sólido con qué sustituirlo. Una lógica tan absurda como la de construir la casa por el tejado. Ya lo dije públicamente: creo que se ha actuado con improvisación, desinformación y una absoluta falta de transparencia. Y la comunidad educativa también lo ha dejado claro en las calles: no están en contra de la Formación Profesional (yo tampoco), pero sí de que se destruya un instituto sin alternativas reales, sin participación de los implicados, sin pensar en el impacto humano y educativo.
El CIFP, tal y como lo están gestionando, no es más que una promesa futura disfrazada de éxito presente. Y mientras se descuelga un letrero, se cuelga sobre los hombros de cientos de familias la carga de un sistema educativo improvisado. Y cuando los barracones lleguen, porque llegarán, entonces nadie recordará las prisas por colgar un cartel, pero todos recordarán las consecuencias de haber borrado, sin alternativa, el nombre de El Palmeral.
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