entre buzios, brasas y memoria colectiva

El verano está a punto de acabar, el sol cada vez se esconde más pronto y la fiesta reboza en las calles que bordean la playa de Arinaga. Este viernes, como cada último de agosto desde hace 29 años, La Vará del Pescao llenó la avenida de la playa. El olor a sardinas, los abrazos, las carcajadas, la música y los reencuentros abrazaron al lugar y, por supuesto, la ilusión y la tradición se agarraron de la mano, una vez más, para recordar los orígenes del pueblo y celebrarlo por todo lo alto. El reloj marcó las 18:00 horas y, al grito de «¡sardinas frescas, se abre La Vará!», comenzó oficialmente la fiesta de los pescadores y los amantes del mar.

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