No habían pasado ni 48 horas desde que el pasado viernes un helicóptero de Bomberos de Asturias cayese en el pantano de Tanes, en Caso, tras chocar contra unos cables de alta tensión sin señalizar cuando este domingo, pasadas las dos y media de la tarde, una grúa depositaba en tierra la aeronave junto al embarcadero del embalse. El rescate fue seguido por numerosas personas que pese a la intensa lluvia estuvieron muy atentas a la operación y celebraron con aplausos el momento en el que la nave tocó tierra.
El operativo de rescate del helicóptero comenzó a las diez y media de la mañana con la llegada de los buzos. Lo primero fue localizar el punto exacto donde se había hundido el aparato. Los drones de la Guardia Civil habían marcado una zona en la que se observaban burbujas. Los expertos acudieron con una cámara subacuática y acotaron más el área pero la baja visibilidad que hay en el pantano, aunque sea a poca profundidad, impedía fijar un punto exacto.
Durante toda la mañana, embarcaciones de Protección Civil del Alto Nalón y del operativo de rescate estuvieron navegando por Tanes. A las tareas de investigación se sumó también un helicóptero de la Guardia Civil que sobrevoló el pantano en numerosas ocasiones.
Los buzos fueron quienes al final dieron con el helicóptero. Se encontraba pegado a la orilla, a unos 300 metros del pueblo de Tanes en dirección a Rioseco (Sobrescobio). La suerte y la pericia del piloto accidentado el viernes, que resultó herido leve, para lograr acercarse lo más posible a la ribera hizo que la aeronave quedase depositada en un saliente de la ladera de la montaña, ya bajo el agua del embalse, a unos diez metros de profundidad.
Las lanchas, en el punto en el que se hundió el helicóptero.
El alcalde de Caso, Miguel Ángel Fernández, explicaba que de no haber quedado ahí «se hubiese hundido hasta los 45 metros de profundidad y habría sido mucho más difícil sacarlo del agua». Finalmente, la situación no se complicó. Pese a la poca visibilidad bajo el agua, uno de los hombres que buceaba a más profundidad, más allá de los 15 metros, se encontró con el rotor de cola cuando ascendía hacia una profundidad menor.
«Lo hemos encontrado, está boca abajo, vamos a ver cómo hacemos para sacarlo», se escuchó decir a los submarinistas por la radio de la embarcación con la que estaban en permanente contacto. Eran poco antes de las doce y media del mediodía y llegaba la primera buena noticia del día, pero quedaba por delante el trabajo más complicado.

El alcalde de Caso, en el centro, con trabajadores de emergencias.
En ese momento hubo que tomar una decisión en la que entraban en juego factores como el tráfico, el tamaño de la grúa y las dimensiones del camión góndola que se llevaría el helicóptero de Tanes. La primera opción había sido llevarlo al embarcadero, pero durante la mañana de ayer se optó por cambiar de estrategia y se explicó que las lanchas lo remolcarían semisumergido hasta la cabecera del embalse, hasta el muro de la prensa. Allí estaba programada de la extracción y allí estaba esperando la grúa y el camión.
Las tornas cambiaron durante el proceso de reflotar la nave y se volvió a la primera opción, la de llevar el helicóptero hasta Tanes. Los cálculos permitían que tanto la grúa, con una pluma de veinte metros, como el camión, accediesen por una rampa hasta la orilla del pantano.
El arrastre del helicóptero desde el punto en el que se encontraba hasta el embarcadero de Tanes se prolongó durante 20 minutos. A las dos de la tarde las lanchas llegaban a la orilla. Lo primero que los buzos sacaron del agua fue el «bambi», la cesta con la que los helicópteros utilizan para coger agua durante la extinción de incendios. Fue precisamente este elemento el primero que chocó el viernes contra los cables de alta tensión, después lo haría el rotor de cola.
El primer intento de elevar la aeronave y sacarla del agua se tuvo que parar por temor a que se rompiese. Los buzos siguieron trabajando durante unos minutos asegurando la operación con más puntos de amarre. Finalmente a las tres menos cuarto de la tarde el helicóptero salía del agua elevándose sobre el pantano de Tanes y entre un fuerte olor a combustible. En ese momento se pudieron apreciar los daños que había sufrido durante el accidente del pasado viernes.
Cuando el operario de la grúa lo posó en el suelo, los curiosos aplaudieron y los responsables de las empresas implicadas y las autoridades presentes suspiraron de alivio. En ese momento la intensa lluvia dejó de caer sobre Tanes. Todo había salido bien.
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