El día en el que la mataron, el calendario señalaba el Miércoles Santo, conocido como ‘Día de la Traición’ en un México eminentemente católico. Camila, de ocho años, salió apresurada de casa: vestía un traje de baño completo y unas chanclas de color rosa. Caminó dos minutos, en línea recta, por el callejón donde residía. Un lugar estrecho de la colonia Florida, en el centro de la muy popular Taxco de Alarcón, pueblo mágico del norte del Estado de Guerrero. El reloj marcaba exactamente la una de la tarde cuando entró en la casa de su amiga y vecina, donde había sido invitada a pasar la tarde disfrutando de una piscina inflable. Pero lo siguiente fue el silencio. 

Un par de horas después, la madre de Camila acudió a buscarla en ese mismo sitio. Esperaba recogerla y volver a su hogar, cien metros callejón arriba. Pero Ana Rosa Díaz, vecina y madre de la amiga de Camila, negó que la niña hubiera entrado en esa casa. Taxco de Alarcón se convirtió entonces en un solo grito: ¿dónde está? La madre empezó a buscar a su hija por toda la colonia, pero no pudo dar con ella. La familia corrió la voz. La Comisión Estatal de Búsqueda de Personas emitió un boletín esa misma noche. Y la Fiscalía de Guerrero confirmó posteriormente que la familia había recibido una llamada solicitando una suma de 250.000 pesos mexicanos (14.000 euros) a cambio de poner en libertad a la menor de edad. Sin embargo, Camila ya estaba muerta.

Era la conclusión a la que se llegaba después del visionado de los vídeos extraídos de las abundantes cámaras de videovigilancia de la colonia Florida. En ellos se demostró que la niña sí entró en la casa de Ana Rosa Díaz, pero nunca salió de ella. No al menos con vida: en otra secuencia grabada pocas horas después de que la menor fuese declarada en paradero desconocido, aparece Ana Rosa Díaz abandonando el hogar con una cesta de ropa en la mano. Baja las escaleras. Cruza una carretera.

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Se ve con un hombre, posteriormente identificado como José “N”, de oficio taxista y pareja sentimental de la mujer. Él abre el maletero de su coche y mete el bulto de ropa. Ambos suben al vehículo y se van. “Nosotros ya teníamos toda la evidencia de que ellos habían sido los que se la habían llevado. Pensábamos que estaba viva, pero así como la llevaban en bulto, pues ya iba muerta mi sobrina. La mataron, la secuestraron, la torturaron. Estamos devastados”, explicó César Gómez, tío de la menor, en una entrevista.


Familiares y amigos despidieron a Camila Gómez el pasado viernes en Taxco (México).

José Luis de la Cruz

Efe

Viernes Santo: el viacrucis de Taxco 

El cuerpo de la menor se halló sin vida en las inmediaciones de la carretera que une Taxco con Cuernavaca. Tenía claros signos de estrangulamiento que posteriormente fueron confirmados en la autopsia. Cuando el Viernes Santo se dio sepultura a Camila, entre música y gritos de justicia, parecía que la tragedia llegaba a su final. Pero en realidad ésta sólo alcanzaba su punto de inflexión. México, un país acostumbrado a la violencia, a los feminicidios, a la brutalidad del crimen organizado —donde en 2023 fueron asesinadas más de 30.000 personas— amanecía conmocionado y con ánimos de justicia. Y se vio reflejado en Taxco: un lugar sumamente turístico que durante los últimos meses ha sufrido lo peor del narcotráfico. 

Los familiares de Camila pasaron horas esperando la detención de las dos personas que aparecían en las grabaciones —Ana Rosa Díaz y José “N”—. Sin embargo, la mayoría de los oficiales de las autoridades policiales custodiaban los eventos religiosos que se producían en el centro de la ciudad y desatendían el caso que recién se había producido y del que ya todo el mundo hablaba. Se justificó con que todavía no existía orden de detención. Y entonces se produjo lo que todo indicaba que se iba a producir: el linchamiento. Cientos de personas se aglutinaron alrededor de la casa de Ana Rosa Díaz e irrumpieron en ella para sacar a la mujer y a dos de sus hijos que se encontraban dentro: subieron al techo, arrancaron las láminas y lograron sacar del hogar a los presuntos secuestradores y asesinos de Camila.

Como ocurre en ‘Fuenteovejuna’, que es el pueblo, “todo el pueblo a una”, quien mata al comendador, la mujer y otros dos varones fueron golpeados, apaleados, pateados y rociados con gasolina y aceite hasta quedar inconscientes. Los vídeos de los hechos se difundieron rápidamente por las redes sociales, causando un gran revuelo. En ellos, grupos de personas insultaban mientras golpeaban a la mujer: “¡Mátenla! ¡Mátenla! ¡Maldita perra, es lo menos que te mereces!”. Todo frente a seis elementos policiacos que poco hicieron por contener la furia de la multitud.

Ana Rosa Díaz acabaría semidesnuda y visiblemente sin vida en un coche policial. Su cuerpo sería trasladado hasta una oficina del ministerio público, donde posteriormente se confirmó su muerte a causa del linchamiento vecinal. Mientras tanto, su hijo Alfredo también era golpeado brutalmente. Un hombre y una mujer intermedian por él. “¡Ya estuvo, ya estuvo!”. “¡A la niña no le hizo nada!”, se escucha en uno de los videos. Y entonces detienen la golpiza.

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Aunque se especuló sobre otras muertes, los dos hijos varones de Ana Rosa Díaz se encuentran bajo custodia policial pero visiblemente “estables”. La gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, guardó silencio hasta la mañana del viernes, cuando comunicó que la Fiscalía General del Estado había emitido una orden de aprehensión contra José “N”, la pareja sentimental de la presunta secuestradora, por el delito de feminicidio. Posteriormente éste fue detenido y presentado ante un juez de control. A ella se unió este lunes el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que afirmó que “las autoridades están actuando” para investigar ambas muertes.

“Este es un caso muy lamentable, muy triste para todos, desde luego más para los familiares, amigas y amigos, y para los mexicanos en general, porque tiene que ver con la pérdida de vidas humanas”, lamentó el presidente, y en su condena aludió a la muerte “de una niña y también de una señora”. La Fiscalía General del Estado (FGE) de Guerrero expuso, por su parte, que investigaba la muerte de la menor de edad como feminicidio y el deceso de la presunta responsable como homicidio calificado. Después informó de la detención de otros dos presuntos implicados. 

El nombre de Camila se une a una larga lista de mujeres asesinadas en México, un país que se duerme cada día con aproximadamente 10 nuevos feminicidios. Sólo de enero de 2015 a febrero de 2024, 10.000 menores de edad han sido asesinadas en México, en la mayor parte de los casos con un arma de fuego. Estos asesinatos han aumentado desde 2015, acumulándose un mayor promedio mensual de incidencia durante la última administración federal. Mientras, el Estado de Guerrero vive uno de los momentos más violentos de su historia. Y en los callejones laberínticos de Taxco de Alarcón todavía resuena el desconcierto.