Tuvo que pasar casi medio siglo desde su muerte para que los biógrafos y comentaristas de la vida de Federico García Lorca se hicieran eco de su condición de gay, una característica que la propia familia del poeta se empeñó en mantener en secreto. De hecho, como ha señalado el historiador Ian Gibson, hasta mediados de la década de los ochenta “ningún crítico o lorquista español estaba dispuesto a decir públicamente que Lorca era gay y que incumbía tener en cuenta tal circunstancia a la hora de analizar su vida, su obra y su muerte“, porque si lo hacían “se les cerraba probablemente el acceso al archivo del poeta. Hay numerosos testimonios acerca de la imposibilidad de suscitar con Francisco e Isabel García Lorca la cuestión de la homosexualidad de su hermano”. El tema era tabú. De hecho, fue el hispano-irlandés quien, pese a todas las cortapisas familiares, acabó aludiendo al asunto en su primera biografía y trató el tema con naturalidad, dedicándole incluso en 2010 una obra monográfica titulada Lorca y el mundo gay.