Por primera vez desde el inicio de la guerra en todo el territorio de Ucrania, hace 769 días, Ucrania ha atacado instalaciones críticas en las entrañas de Rusia: a 1.300 kilómetros de la frontera, en la región de Tatarstán. Los ucranianos han intervenido con drones en Yelabuga y han resultado dañadas una refinería y una fábrica de drones Shahed, diseñados en Irán. Mientras tanto, las tropas rusas, tras la costosa toma de Avdiivka, en el mes de marzo apenas han avanzado 51 km2, según un cálculo realizado por The Economist. Después de diez años de guerra, Rusia solo controla un 18% del territorio de Ucrania, incluida Crimea, anexionada en 2014. En los próximos meses Rusia está forzada a un gran empuje si quiere que Ucrania no acabe siendo su Vietnam.

A pesar de las advertencias de Washington, nada favorable a que Ucrania se adentre en territorio ruso por el riesgo de escalada, la incursión en Tatarstán ha sido una muestra más de cómo Kiev está sacando provecho de la tecnología ligada a los drones. El utilizado para atacar en Yelabuga podría ser un avión no tripulado UJ22-Airborne, de la empresa Ukrjet, con sede en Kiev. Cuando se presentó en sociedad, un año antes de la invasión rusa de Ucrania, podía volar 800 kilómetros.

Otras fuentes, entre ellas la Revista Ejércitos, apuntan a que se trata de un Cessna estadounidense reconvertido en dron de un solo uso. No habría logrado por completo su objetivo de alcanzar la fábrica de los Geran-2, la versión rusa de los Shahed. Desde el Ministerio ucraniano de Digitalización se asegura que Kiev ya dispone de drones de un alcance superior a los 1.000 kilómetros.

Objetivo: refinerías

El objetivo de este ataque era la zona económica especial de Alabuga, a 10 kilómetros de la ciudad de Yelabuga. Es donde se fabrican los Geran-2, los drones rusos inspirados en los iraníes Shahed que tantos disgustos ocasionan a los ucranianos. El objetivo de los rusos es fabricar 300 de estos drones al mes, y para ello emplean a estudiantes de escuelas técnicas en condiciones laborales extremas, según información del diario polaco Rzeczpospolita.

A 200 kilómetros al este de Yelabuga, los drones ucranianos dañaron la refinería de Nizhnekamsk, una de las cinco más grandes de la Federación Rusa. Moscú asegura que ha interceptado un dron ucraniano cuyo objetivo era la refinería de Taneco Tafnet, con una produccción de 360.000 barriles al día.

Tampoco es partidario Washington de que las refinerías sean objetivo de ataques, por el efecto en el precio del crudo, y aún así desde principios de año cerca de una veintena han resultado dañadas por los drones ucranianos. La tesis de los defensores de estas acciones es que pueden perjudicar a la economía rusa más que las sanciones, de las que Rusia ha salido indemne gracias a la colaboración de China, India o Venezuela.

Todo apunta a que Ucrania busca con estos ataques de vehículos aéreos no tripulados sobre refinerías el mismo éxito que ha conseguido en el Mar Negro con los drones marinos. Gracias a estos artefactos ha conseguido paralizar la capacidad de ataque de la poderosa Armada rusa en esta zona.

Como nos confesaba Juan Chulilla, experto en drones y cofundador de Red Team Shield, “Ucrania ha protagonizado en este campo una evolución desde cero. Nadie ha hecho nada igual en la historia”. Empezó con el golpe sobre el Moskva y ha seguido in crescendo gracias a la creación de la primera flota drones navales del mundo.

Cinco o seis meses “críticos”

Sin embargo, Putin sabe que necesita éxitos en el campo militar ahora más que nunca, de modo que Ucrania no tiene tiempo de celebrar ninguno de estos logros. Rusia ha empezado una campaña de reclutamiento masiva, una vez concluido el periodo electoral con la reelección de Putin con una victoria aplastante.

Incluso Putin ha utilizado el reciente atentado yihadista en una sala de conciertos en las afueras de Moscú para volver a poner en el punto de mira a las autoridades de Kiev. Sigue con la aspiración de derrocar a Zelenski y su gobierno con la idea de que de esta forma acabará con la resistencia ucraniana. Como si estos dos años largos no hubieran servido para reforzar la identidad ucraniana y el deseo de formar parte de la Unión Europea y de la OTAN.

Konrad Muzyka, autor de la web Ukraine Conflict Monitor, asegura en The Economist que los próximos cinco o seis meses van a ser “críticos”. Ucrania necesita munición, efectivos y fortificaciones para resistir ante lo que será el gran avance de Moscú.

A pesar de los logros gracias a los drones en el Mar Negro y en ataques sobre refinerías, sobre el terreno Ucrania continúa estando en desventaja por la falta de munición. Rusia utiliza cinco veces más al día que Ucrania. Rusia cuenta con la ayuda de Irán y Corea del Norte para abastecer sus arsenales mientras que la contribución europea es todavía relativamente baja. Los checos son los que han buscado una vía para que esas aportaciones aumenten al buscar proveedores para Ucrania en todo el mundo.

En lo que se refiere al reclutamiento Putin cuenta con muchas más fuerzas mientras que los ucranianos comienzan a necesitar un refresco que no llega. Según señala The Economist, la edad media de los militares ucranianos supera los 40 años y, si bien siguen convencidos de su propósito, necesitan descanso. Rusia va a reclutar unos 400.000 soldados más en las próximas fechas. Es previsible que en próximas fechas las condiciones de reclutamiento en Ucrania sean más restrictivas, ya que de momento la edad mínima son los 27.

A ellos se suma que han de construir fortificaciones defensivas sin demora. Los rusos lo hicieron después del verano y les ha servido para detener la contraofensiva. Cada vez la guerra se pone más difícil para Ucrania y si en el próximo medio año consigue golpes de efecto con los drones o logra que siga el estancamiento será un éxito. Para ello, la ayuda occidental ha de incrementarse. Cualquier vacilación será aprovechada por Putin.

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