El eventual cierre de la base de drones estadounidense en Agadez tendrá un impacto en la lucha antiterrorista en el Sahel

MADRID, 28 (EUROPA PRESS)

La junta militar que gobierna Níger desde el pasado mes de julio ha enseñado la puerta a las tropas estadounidenses presentes en el país, como ya hizo anteriormente con las francesas, lo cual, además de reducir las capacidades antiterroristas de Occidente en el Sahel, allana el camino para una mayor presencia de Rusia en la zona y un mayor riesgo para la seguridad de los aliados del flanco sur, advierten los expertos.

“La junta militar de Níger ha clavado el último clavo en la desastrosa estrategia de Occidente en el Sahel”, resume en un artículo Will Brown, experto en África del ‘think-tank’ European Council on Foreign Relations (ECFR), en referencia al anuncio realizado por Niamey el pasado 16 de noviembre de que ponía fin al acuerdo en materia de defensa con Estados Unidos.

“Esto significa que la mayoría, sino todas, las tropas occidentales que intentaban contener la marea de ataques yihadistas en Burkina Faso, Malí y Níger han sido o están en el proceso de ser expulsadas”, resume, en referencia a la salida de los militares franceses de los tres países del Sahel y a la eventual retirada de los alrededor de un millar de soldados estadounidenses desplegados en Níger.

“La pérdida de la base aérea 201 dejaría un agujero enorme en la capacidad operativa de Estados Unidos” puesto que constituye “su principal base en África Occidental y ha dado al Pentágono ojos en el cielo en amplias zonas del Sahel y el Sáhara, donde un sinnúmero de grupos extremistas y armados (incluidos los mercenarios de Wagner) están sembrando el caos”, subraya en este sentido Brown.

La junta militar de Níger no ha hecho sino seguir los pasos de sus predecesoras en Malí y en Burkina Faso, que desde que se produjo el primer golpe de Estado en el verano de 2020 se han alejado de Occidente, y en particular de Europa, y se han acercado a Rusia en busca de respaldo en materia de seguridad para su pervivencia.

Detrás de estos golpes de Estado también estaba en gran medida el argumento de que la lucha contra el yihadismo auspiciada por Occidente estaba fracasando, si bien todos los expertos y los análisis coinciden en señalar que tanto los ataques como las víctimas se han disparado. También en el caso de Níger, donde Estado Islámico dejó una treintena de soldados muertos el pasado 20 de marzo.

ACERCAMIENTO A RUSIA

En último término, el objetivo de las juntas militares en el Sahel, explica Wassim Nasr, experto en esta región en The Soufan Center, “es mantenerse en el poder, un objetivo que Rusia está dispuesta y obviamente es capaz de garantizar a costes muy bajos a nivel político, diplomático y militar”. “Otros países africanos como Chad podrían volverse hacia Rusia, incluso sin instigar un golpe de Estado, por este mismo fin”, advierte.

La alianza más estrecha con Moscú por la que han apostado estos tres países en los últimos años se debe a que “Rusia ofrece una asociación mucho más atractiva que aborda sus necesidades más amplias para la seguridad de un régimen autoritario mientras que se alinea con su actitud antioccidental y su lucha contra la insurgencia agresivamente militarizada”, resume por su parte Liam Karr, experto en el proyecto Critical Threats.

En un artículo, da prácticamente por hecho que Níger terminará por contratar a mercenarios rusos, como hizo en primer lugar Malí, donde se han desplegado con las fuerzas malienses y participan en operaciones antiterroristas junto a estas, y como también se sospecha que ha hecho Burkina Faso, aunque en este caso hay menos detalles.

Precisamente, este martes se produjo una llamada telefónica entre el líder de la junta nigerina, el general Abdourahamane Tchiani, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, en la que discutieron sobre “la necesidad de reforzar” la cooperación en materia de seguridad “frente a las amenazas actuales”.

Además, en las últimas horas la junta ha informado de que Estados Unidos ha aceptado el fin del acuerdo de defensa y procederá a presentar próximamente un plan para la retirada de sus fuerzas.

AMENAZAS PARA EL FLANCO SUR

“Los mercenarios rusos podrían ocupar las posiciones abandonadas por Estados Unidos en el norte de Níger en meses una vez las tropas estadounidenses dejen el país, lo que podría plantear varias amenazas al flaco sur de la OTAN y consolidar las redes logísticas de Rusia en África”, advierte Karr, recordando que es lo que ha ocurrido con las posiciones francesas en Malí.

Aunque este experto no cree que Rusia vaya a desplegar drones junto a sus mercenarios en Níger de forma inmediata, su presencia en bases en el norte del país “crearía una oportunidad para que el Kremlin despliegue drones en la zona para amenazar el flaco sur de la OTAN en el futuro”.

El despliegue de drones Shahed 136 como los empleados por Rusia cerca de Agadez “pondría dentro del alcance instalaciones estadounidenses y de la OTAN claves y zonas del Mediterráneo”, llama la atención este experto, tras precisar que su alcance de unos 2.500 kilómetros les permitiría alcanzar la base de Rota (Cádiz), donde están desplegadas tropas estadounidenses, ya que está aproximadamente a esa distancia.

El hecho de que Moscú no haya armado con drones a sus mercenarios en países más próximos como Libia o Malí no significa que no esté interesado en contar con esta oportunidad en caso de un conflicto con la OTAN, admite Karr, que incide en que precisamente por ello estos dos países parecen los principales candidatos a la presencia de drones llegado el caso.

FOMENTAR LOS FLUJOS MIGRATORIOS

Por otra parte, este experto también advierte de que Rusia podría usar las posiciones en el norte de Níger para “explotar las rutas de tráfico de migrantes trans-saharianas para incrementar los flujos de inmigración irregular hacia Europa y enriquecer a sus mercenarios”.

Tal y como recuerda, el régimen de Vladimir Putin ya ha empleado como arma la presión migratoria en Europa, fomentando junto al Gobierno de Bielorrusia la llegada masiva de migrantes a las fronteras de Finlandia, Lituania y Polonia. El hecho de que ahora esté presente en muchas de las rutas migratorias que cruzan el Sáhara “incrementa las oportunidades de facilitar la migración masiva”, alerta.

La migración ya era un negocio muy lucrativo en Níger hasta que el Gobierno del país llegó a un acuerdo con la UE para controlarlo. Dicho acuerdo ha quedado ahora en papel mojado, por lo que se tema que la ruta hacia Libia y Argelia se pueda disparar. Los mercenarios rusos ya han demostrado en otros países su capacidad de aprovechar las oportunidades de negocio a nivel local y a buen seguro no dejarán pasar esta nueva ocasión, augura.

Por último, Karr advierte de que aunque Washington pudiera encontrar otro país en el que instalar sus tropas y sus drones, su capacidad antiterrorista en el Sahel se vería mermada y con ello aumentaría el riesgo tanto para Europa como para Estados Unidos.

Así, se hace eco de las informaciones publicadas en los últimos meses por varios medios de un eventual traslado a Ghana, Costa de Marfil o Benín, o incluso de establecer bases conjuntas con Francia en el golfo de Guinea. El traslado a cualquiera de estos países reduciría la capacidad de vigilancia, puesto que los drones tienen un radio de operabilidad de poco más de 1.150 millas.

De este modo, en cualquiera de los tres citados países no podrían vigilar la presencia de Estado Islámico en Libia y buena parte de Argelia; desde Costa de Marfil también quedaría fuera de la ecuación la cuenca del lago Chad, donde opera este grupo terrorista así como Boko Haram; y su instalación en Chad dejaría fuera la mitad occidental de Burkina Faso y Malí, donde la filial de Al Qaeda está particularme arraigada.